Dedicado a las visitas pastorales que su santidad Juan Pablo II realizó a la República Argentina
Para leer y oir los mensajes, homilias, alocuciones y discursos clic en el enlace al índice de los mismos: Magisterio de Juan Pablo II en la Argentina año 1987 - 2º JMJ Buenos Aires 11 y 12 de Abril de 1987 - Notas Periodisticas 1987 Bajar audios gratis Magisterio de Juan Pablo II en la Argentina año 1982
Estimado viajero que llegas a este sitio. Encontrás aqui la totalidad de los mensajes que el Papa Juan Pablo II nos regalo en sus visitas a la Argentina. Además de sus audios (casi todos completos), fotos y material periodístico de aquellos años que registraron sus visitas. Aún no hemos terminado de transcribir todas las notas periodisticas que poseemos, por eso le recomendamos regresar en unos días para ver las novedades. Alentamos también a quienes tengan material de las visitas del Papa a que hagan lo mismo confeccionando sitios en que se recuerden permenentemente sus palabras.
PDF ¡Bienvenido, Maestro de la Fe! - 14 Temas para preparar la visita de Juan Pablo II a la Argentina
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PDF Libro de la Misa y Encuentro de Juan Pablo II con Sacerdotes, Consagrados y Agentes de Pastoral Laicos.
37 Peregrinación Juvenil a pie a Luján
Veni con nosotros a caminar....
37º Peregrinación Juvenil a pie a Luján
Lema: Madre, Ayúdanos a ciudar la Vida
1 y 2 de Octubre 2011 - Av. Rivadavia y General Paz (C.A.B.A.)
Informes:
www.peregrinacionlujan.org.ar
Parroquia Virgen Inmaculada de Lourdes Av. Rivadavia 6280 C.A.B.A. Tel. 4631-9920
o en cualquier Parroquia de la Ciudad.
Lema: Madre, Ayúdanos a ciudar la Vida
1 y 2 de Octubre 2011 - Av. Rivadavia y General Paz (C.A.B.A.)
Informes:
www.peregrinacionlujan.org.ar
Parroquia Virgen Inmaculada de Lourdes Av. Rivadavia 6280 C.A.B.A. Tel. 4631-9920
o en cualquier Parroquia de la Ciudad.
Audios de la Segunda Visita Pastoral de Juan Pablo II a la Argentina para descargar
Juan Pablo II en Argentina - Segunda Visita Pastoral
Audios del 6 al 12 de abril de 1987
Los siguientes audios fueron grabados de las transmisiones de radio y televisión transmitidas en vivo y originalmente en cassettes durante la segunda visita pastoral de Juan Pablo II a la República Argentina (1987), luego fueron digitalizados (2010) por A. L. Puricelli Pinel con el fin de ser difundidos gratuitamente en Juan Pablo II en Argentina
CD 1 bajar
1987-04-06 01 Discurso en Aeropuerto de Ezeiza - 1987-04-06 02 Oracion Trinitaria en la Catedral de Buenos Aires - 1987-04-06 03 Palabras expontaneas y Discurso en la Catedral de Buenos Aires - 1987-04-06 04 Entrega presente a Cardenal Aramburu y Bendición en latín - 1987-04-06 05 Discurso en la Casa Rosada - 1987-04-06 06 Habla expontaneamente desde el Balcon de la Casa Rosada - 1987-04-06 07 Discurso en la Anunciatura al Cuerpo Diplomático (fragmento)
CD 2 bajar
1987-04-07 01 Discurso desde el Cristo Redentor Cuyo - Mendoza - 1987-04-07 02 Bendicion desde el Cristo Redentor Cuyo - Mendoza - 1987-04-07 03 Despedida de Cuyo Palabras expontaneas - Mendoza - 1987-04-07 04 Discurso a Mapuches - Vietma (Fragmento) - 1987-04-07 05 Discurso a agricultores - Bahia Blanca (fragmento) - 1987-04-08 01 Discurso a Enfermos y al mundo de la Salud - Cordoba
CD 3 bajar
1987-04-08 01 Homilia Misa por las familias Cordoba en Fabrica de Aviones final - 1987-04-08 02 Renovacion de las promesas matrimoniales ( Misa por las familias Cordoba) - 1987-04-08 03 Oracion de los Fieles y Padre Nuestro ( Misa por las familias Cordoba) - 1987-04-08 04 Palabras finales ( Misa por las familias Cordoba) - 1987-04-08 05 Yo confieso (misa en Tucuman)
CD 4 bajar
1987-04-08 01 Homilia en Tucumán La libertad del cristiano - 1987-04-08 02 Tucuman bandicion y palabras expontaneas - 1987-04-08 03 Discurso en Salta Conversion renovada en obras V Centenario
CD 5 bajar
1987-04-09 01 Homilia en Avenida Independiente (Corrientes) - 1987-04-09 02 Parana Mensaje al mundo de los inmigrantes - hacia la tierra prometida - 1987-04-09 03 Parana (Entre Rios) agradecimiento Bendición Despedida
CD 6 bajar
1987-04-10 01 Club Velez - Buenos Aires - Homilia a sacerdotes y consagrados - 1987-04-10 02 Club Velez - Buenos Aires -Renovacion promesas sacerdotales - 1987-04-10 03 Club Velez - Buenos Aires -Renovacion promesas Consagrados - 1987-04-10 04 Club Velez - Buenos Aires -Renovacion promesas Laicos (fragmento) - 1987-04-10 01 Discurso a la comunidad ucrania en la Argentina - 1987-04-10 02 Bendicion apostolica a la comunidad ucrania en la Argentina
CD 7 bajar
1987-04-10 03 Discurso a los Trabajadores Mercado Central - 1987-04-10 04 Mensaje a la comunidad polaca en la Argentina - 1987-04-11 Homilia en Rosario Vocacion y mision de los laicos
CD 8 bajar
1987-04-12 El adios de Juan Pablo II a los Argentinos.
1987-04-06 01 Discurso en Aeropuerto de Ezeiza - 1987-04-06 02 Oracion Trinitaria en la Catedral de Buenos Aires - 1987-04-06 03 Palabras expontaneas y Discurso en la Catedral de Buenos Aires - 1987-04-06 04 Entrega presente a Cardenal Aramburu y Bendición en latín - 1987-04-06 05 Discurso en la Casa Rosada - 1987-04-06 06 Habla expontaneamente desde el Balcon de la Casa Rosada - 1987-04-06 07 Discurso en la Anunciatura al Cuerpo Diplomático (fragmento)
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1987-04-07 01 Discurso desde el Cristo Redentor Cuyo - Mendoza - 1987-04-07 02 Bendicion desde el Cristo Redentor Cuyo - Mendoza - 1987-04-07 03 Despedida de Cuyo Palabras expontaneas - Mendoza - 1987-04-07 04 Discurso a Mapuches - Vietma (Fragmento) - 1987-04-07 05 Discurso a agricultores - Bahia Blanca (fragmento) - 1987-04-08 01 Discurso a Enfermos y al mundo de la Salud - Cordoba
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1987-04-08 01 Homilia Misa por las familias Cordoba en Fabrica de Aviones final - 1987-04-08 02 Renovacion de las promesas matrimoniales ( Misa por las familias Cordoba) - 1987-04-08 03 Oracion de los Fieles y Padre Nuestro ( Misa por las familias Cordoba) - 1987-04-08 04 Palabras finales ( Misa por las familias Cordoba) - 1987-04-08 05 Yo confieso (misa en Tucuman)
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1987-04-08 01 Homilia en Tucumán La libertad del cristiano - 1987-04-08 02 Tucuman bandicion y palabras expontaneas - 1987-04-08 03 Discurso en Salta Conversion renovada en obras V Centenario
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1987-04-09 01 Homilia en Avenida Independiente (Corrientes) - 1987-04-09 02 Parana Mensaje al mundo de los inmigrantes - hacia la tierra prometida - 1987-04-09 03 Parana (Entre Rios) agradecimiento Bendición Despedida
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1987-04-10 01 Club Velez - Buenos Aires - Homilia a sacerdotes y consagrados - 1987-04-10 02 Club Velez - Buenos Aires -Renovacion promesas sacerdotales - 1987-04-10 03 Club Velez - Buenos Aires -Renovacion promesas Consagrados - 1987-04-10 04 Club Velez - Buenos Aires -Renovacion promesas Laicos (fragmento) - 1987-04-10 01 Discurso a la comunidad ucrania en la Argentina - 1987-04-10 02 Bendicion apostolica a la comunidad ucrania en la Argentina
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1987-04-10 03 Discurso a los Trabajadores Mercado Central - 1987-04-10 04 Mensaje a la comunidad polaca en la Argentina - 1987-04-11 Homilia en Rosario Vocacion y mision de los laicos
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1987-04-12 El adios de Juan Pablo II a los Argentinos.
JMJ 1987 Viva Chile, Viva Argentina!!!! Viva la paz en América Latina.
Viva Chile, Viva Argentina!!!! Viva la paz en América Latina.
“Estamos agradecidos por habernos mostrado que es preferible el entendimiento al enfrentamiento”, expreso firmemente el joven chileno Patricio Prieto, al dar su testimonio junto a Ernesto Paneli. Ambos agradecieron la mediación del Sumo Pontífice “en aquella terrible Navidad de 1978”, durante el acto multitudinario de la jornada Mundial de la Juventud, el sábado 11.
“Nos comprometemos –siguió diciendo Patricio- a hacer de la cordillera de los Andes, no un muro que nos separe sino un puente que nos una”. La mediación y la reciente visita a Chile constituyen “un modelo ejemplar para nuestro país, en el que aún existe y persiste la violencia a la vida, la violencia al hombre”.
Por su parte el joven argentino agradeció profundamente la intervención del Santo Padre en el conflicto austral pues sin ella “tal vez no podríamos estar aquí gozando de la alegría de esta jornada mundial y de la plenitud de nuestras vidas”.
“Estamos agradecidos por habernos mostrado que es preferible el entendimiento al enfrentamiento”, expreso firmemente el joven chileno Patricio Prieto, al dar su testimonio junto a Ernesto Paneli. Ambos agradecieron la mediación del Sumo Pontífice “en aquella terrible Navidad de 1978”, durante el acto multitudinario de la jornada Mundial de la Juventud, el sábado 11.“Nos comprometemos –siguió diciendo Patricio- a hacer de la cordillera de los Andes, no un muro que nos separe sino un puente que nos una”. La mediación y la reciente visita a Chile constituyen “un modelo ejemplar para nuestro país, en el que aún existe y persiste la violencia a la vida, la violencia al hombre”.
Por su parte el joven argentino agradeció profundamente la intervención del Santo Padre en el conflicto austral pues sin ella “tal vez no podríamos estar aquí gozando de la alegría de esta jornada mundial y de la plenitud de nuestras vidas”.
S.P.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 38.
JMJ 1987 Testimonio de Asia Por Iroko Kawasaki
Los Jóvenes asiáticos ante el Papa
Otro de los testimonios valiosos por su contenido y significación vertidos durante la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en la noche del sábado 11, fue el de la joven japonesa Iroko Kawasaki.
“Como jóvenes de este milenario y contradictorio continente de Asia –expresó- te presentamos hoy nuestras angustias y esperanzas. Muchos de nuestros pueblos sufren grandes angustias derivadas de situaciones de injusticia, de extrema pobreza, de gran materialismo, con el hambre y la desnutrición, el analfabetismo, la violencia, la opresión, la falta de libertad.
Particularmente nosotros, los jóvenes de Japón, estamos viviendo en una sociedad en constante progreso tecnológico y científico. Como jóvenes católicos queremos hacer presente el amor de Dios entre los hombres para que la Iglesia crezca en Asia cada día más. Confiamos en que, en un gesto solidario, los que vivimos en la abundancia salgamos al encuentro de los más necesitados e iluminados por Cristo construyamos una civilización basada en el amor, capaz de trascender la propia frontera”.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 38.
Otro de los testimonios valiosos por su contenido y significación vertidos durante la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en la noche del sábado 11, fue el de la joven japonesa Iroko Kawasaki.“Como jóvenes de este milenario y contradictorio continente de Asia –expresó- te presentamos hoy nuestras angustias y esperanzas. Muchos de nuestros pueblos sufren grandes angustias derivadas de situaciones de injusticia, de extrema pobreza, de gran materialismo, con el hambre y la desnutrición, el analfabetismo, la violencia, la opresión, la falta de libertad.
Particularmente nosotros, los jóvenes de Japón, estamos viviendo en una sociedad en constante progreso tecnológico y científico. Como jóvenes católicos queremos hacer presente el amor de Dios entre los hombres para que la Iglesia crezca en Asia cada día más. Confiamos en que, en un gesto solidario, los que vivimos en la abundancia salgamos al encuentro de los más necesitados e iluminados por Cristo construyamos una civilización basada en el amor, capaz de trascender la propia frontera”.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 38.
JMJ 1987 La lucha del discapacitado es diaria por Aldo Monti
Palabras de Aldo Monti al Papa Juan Pablo II durante la JMJ el sábado 11 de abril de 1987
La lucha del discapacitado es diaria
“Yo estoy ante usted Santo Padre, en nombre de los discapacitados para dar testimonio de nuestras dolencias –comenzó sus palabras el joven Aldo Monti (a los 18 años por un accidente quedó paralitico, quien habló al Santo Padre durante el acto del sábado 11)- Vivimos en una sociedad que es víctima de su incapacidad de amor. Así, la cruz del discapacitado se diferencia de la de los demás por su evidencia. La cruz no es querida sino que es asumida como lo hizo Cristo. Por eso ya no pregunto: ¿por qué Señor? Sino que, buscando el sentido de mi vida, pregunto: ¿para qué Señor?, ¿que querés de mí? La lucha del discapacitado es diaria; debe luchar para superponerse a si mismo, debe luchar para superar las barreras sicológicas –propias y ajenas- barreras urbanísticas, arquitectónicas, leyes insuficientes o que no se cumplen. Todo lo cual dificulta que se desarrolle plenamente como persona.
Debe luchar para que se tome conciencia de su realidad, y que sea valorado correctamente en sus aptitudes, para participar en todos los ámbitos, ya sea el cultural, el político, el económico, el social y el religioso. Ninguna sociedad puede darse el lujo de desperdiciar capacidades humanas. La sociedad, al atender a los discapacitados, no lo hace a una parte diferenciada y ajena, sino que se atiende a sí misma. El incapacitado, es y debe ser, signo de fe, de fuerza, de alegría y esperanza, de paciencia y humanidad, aceptando la voluntad del Padre. Nosotros los jóvenes discapacitados hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Le pido a la Virgen de Luján, Nuestra Madre, nos guie y proteja cada día y a usted Santo Padre, la bendición a esta juventud que es la sangre de la Iglesia. Muchas gracias”.
Como premio a sus emocionadas palabras, Juan Pablo II descendió a saludar al joven Monti quien le entregó un tapiz confeccionado por discapacitados mentales en símbolo al aprecio que todos le tienen.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 38.
“Yo estoy ante usted Santo Padre, en nombre de los discapacitados para dar testimonio de nuestras dolencias –comenzó sus palabras el joven Aldo Monti (a los 18 años por un accidente quedó paralitico, quien habló al Santo Padre durante el acto del sábado 11)- Vivimos en una sociedad que es víctima de su incapacidad de amor. Así, la cruz del discapacitado se diferencia de la de los demás por su evidencia. La cruz no es querida sino que es asumida como lo hizo Cristo. Por eso ya no pregunto: ¿por qué Señor? Sino que, buscando el sentido de mi vida, pregunto: ¿para qué Señor?, ¿que querés de mí? La lucha del discapacitado es diaria; debe luchar para superponerse a si mismo, debe luchar para superar las barreras sicológicas –propias y ajenas- barreras urbanísticas, arquitectónicas, leyes insuficientes o que no se cumplen. Todo lo cual dificulta que se desarrolle plenamente como persona.Debe luchar para que se tome conciencia de su realidad, y que sea valorado correctamente en sus aptitudes, para participar en todos los ámbitos, ya sea el cultural, el político, el económico, el social y el religioso. Ninguna sociedad puede darse el lujo de desperdiciar capacidades humanas. La sociedad, al atender a los discapacitados, no lo hace a una parte diferenciada y ajena, sino que se atiende a sí misma. El incapacitado, es y debe ser, signo de fe, de fuerza, de alegría y esperanza, de paciencia y humanidad, aceptando la voluntad del Padre. Nosotros los jóvenes discapacitados hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Le pido a la Virgen de Luján, Nuestra Madre, nos guie y proteja cada día y a usted Santo Padre, la bendición a esta juventud que es la sangre de la Iglesia. Muchas gracias”.
Como premio a sus emocionadas palabras, Juan Pablo II descendió a saludar al joven Monti quien le entregó un tapiz confeccionado por discapacitados mentales en símbolo al aprecio que todos le tienen.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 38.
JMJ 1987 Sobre las conclusiones del Foro Internacional
Jóvenes normales Jóvenes santos
El clima festivo y alegre propio de los jóvenes reinó durante toda la Jornada Mundial de la Juventud. Los cantos y bailes, fogones y festivales organizados muchos de ellos espontáneamente en los colegios y parroquias donde fueron alojadas las delegaciones del exterior e interior del país, se combinaron perfectamente con el serio trabajo de los sectores –tales como Familia Joven, Universitarios, Discapacitados, Profesionales, etc.- y del Foro Internacional que sesionó en el teatro San Martín.
Representantes de Japón, EEUU, Canadá, Australia, Camerún, Cuba, Inglaterra, Alemania, Italia, Francia, Sudán, Chile, Venezuela, Panamá, Uruguay, México, Colombia y muchos otros países hermanos en Cristo llegaron a Buenos Aires para contribuir a la búsqueda de un espacio real de intercambio de experiencias pastorales.
“Los jóvenes necesitamos la comprensión de la Iglesia porque tenemos una constante necesidad de dar” concluyó el grupo de portugueses, franceses e italianos del Foro Internacional. Encuentro en el que todas las delegaciones estaban representadas y que fue presidido por el cardenal Eduardo Pironio, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos. Las conclusiones del Foro serán enviadas como aporte al próximo Sínodo de Laicos a realizarse en el mes de octubre. Dichas conclusiones apuntan al compromiso esencial de los jóvenes en su realidad histórica actual. Las más aplaudidas en el acto de clausura del encuentro internacional fueron las expuestas por el grupo de españoles, portugueses, argentinos, franceses y coreanos. En él se advirtió sobre el excesivo protagonismo del clero, consignándose que la acción evangelizadora –y en referencia al compromiso juvenil- “no se concreta únicamente luciendo rostros angelicales. Es necesario alcanzar una presencia transformadora en las cuestiones de la realidad”.
El clima festivo y alegre propio de los jóvenes reinó durante toda la Jornada Mundial de la Juventud. Los cantos y bailes, fogones y festivales organizados muchos de ellos espontáneamente en los colegios y parroquias donde fueron alojadas las delegaciones del exterior e interior del país, se combinaron perfectamente con el serio trabajo de los sectores –tales como Familia Joven, Universitarios, Discapacitados, Profesionales, etc.- y del Foro Internacional que sesionó en el teatro San Martín.Representantes de Japón, EEUU, Canadá, Australia, Camerún, Cuba, Inglaterra, Alemania, Italia, Francia, Sudán, Chile, Venezuela, Panamá, Uruguay, México, Colombia y muchos otros países hermanos en Cristo llegaron a Buenos Aires para contribuir a la búsqueda de un espacio real de intercambio de experiencias pastorales.
“Los jóvenes necesitamos la comprensión de la Iglesia porque tenemos una constante necesidad de dar” concluyó el grupo de portugueses, franceses e italianos del Foro Internacional. Encuentro en el que todas las delegaciones estaban representadas y que fue presidido por el cardenal Eduardo Pironio, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos. Las conclusiones del Foro serán enviadas como aporte al próximo Sínodo de Laicos a realizarse en el mes de octubre. Dichas conclusiones apuntan al compromiso esencial de los jóvenes en su realidad histórica actual. Las más aplaudidas en el acto de clausura del encuentro internacional fueron las expuestas por el grupo de españoles, portugueses, argentinos, franceses y coreanos. En él se advirtió sobre el excesivo protagonismo del clero, consignándose que la acción evangelizadora –y en referencia al compromiso juvenil- “no se concreta únicamente luciendo rostros angelicales. Es necesario alcanzar una presencia transformadora en las cuestiones de la realidad”.
También fue muy entusiasta la reacción lograda por parte del grupo de latinoamericanos y europeos al leer sus opiniones en las que se señalaron los desafíos que en este momento enfrenta la Iglesia en el mundo. Uno de ellos, el peligro de que “la Iglesia no acompañe a la juventud latinoamericana en su experiencia de vida, y se convierta en un nuevo factor de desesperanza y de desolación”.
“Queremos que los jóvenes sepan que el conflicto central en América latina –expresaron luego- es el conflicto entre la vida y la muerte. Conflicto que se expresa fundamentalmente en este grave escándalo y contradicción para el ser cristiano que es la situación de extrema pobreza y los ricos cada vez más ricos a costa de unos pobres cada vez más pobres”.
El Cardenal Eduardo Pironio –promotor de la Jornada Mundial- cerró el Foro en la mañana del sábado 11 de abril, con un resumen de las conclusiones expuestas por los grupos. Sus palabras fueron reconocidas con el aplauso reiterado de los jóvenes quienes agradecieron la línea de acción seguida en la Iglesia en estos últimos años respecto a la pastoral juvenil.
Al referirse al camino de oración y enamoramiento de Cristo que se pone de manifiesto en la juventud, especialmente de América latina, expresó el cardenal Pironio que él “insistiría en que los obispos, sacerdotes y religiosos, hagan también ese camino de oración con los jóvenes y se conviertan, no sólo en hombres y mujeres de oración sino en maestros de oración”. Y recordando las palabras de los jóvenes dijo que “la primera condición para la santidad es la normalidad: jóvenes que canten, celebren la vida y luchen para que haya una vida plena y total”. Porque “la Iglesia tiene que ser una Iglesia joven, pues en ella vive Cristo resucitado y eternamente joven”. La presencia de los jóvenes en la iglesia es dinamizadora y por eso la exigencia de que “los pastores incorporen mucho más a todos los fieles laicos y en particular a los jóvenes, no sólo en la ejecución sino en la planificación de los proyectos”.
S.P
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 36.
JMJ 1987 Un nuevo sol para la juventud
Un nuevo sol para la juventud
Espléndidos y multitudinarios actos en la avenida 9 de Julio
“Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” es el lema que quedó grabado en la memoria de cientos de miles de jóvenes que, representando a todo el mundo, participaron de la tercera Jornada Mundial de la Juventud. Dos días de intensivo trabajo iniciados con una magnífica misa de inauguración en la basílica de Nuestra Señora de Luján, culminaron el domingo con la celebración de la primera misa de Ramos fuera de Roma y un esplendoroso acto, el sábado por la noche.
En ambas oportunidades Juan Pablo II dirigió un especial mensaje a los jóvenes argentinos, latinoamericanos y del mundo en medio de una multitud que, según los cálculos supero el millón, tanto el sábado como el domingo.
Bajo la lluvia y el frio
Espléndidos y multitudinarios actos en la avenida 9 de Julio
“Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” es el lema que quedó grabado en la memoria de cientos de miles de jóvenes que, representando a todo el mundo, participaron de la tercera Jornada Mundial de la Juventud. Dos días de intensivo trabajo iniciados con una magnífica misa de inauguración en la basílica de Nuestra Señora de Luján, culminaron el domingo con la celebración de la primera misa de Ramos fuera de Roma y un esplendoroso acto, el sábado por la noche.En ambas oportunidades Juan Pablo II dirigió un especial mensaje a los jóvenes argentinos, latinoamericanos y del mundo en medio de una multitud que, según los cálculos supero el millón, tanto el sábado como el domingo.
Bajo la lluvia y el frio
Fue el sábado una jornada fría y por momentos lluviosa que perturbó, pero no impidió, que cientos de jóvenes –de edad y espíritu- se instalaran desde muy temprano en la avenida Nueve de Julio, entre Corrientes y Santa Fe. Allí, numerosos eran los grupos que escucharon los distintos conjuntos folklóricos y religiosos que alegraron la tarde con sus cantos y danzas, hasta que alrededor de las 20:30 hizo entrada el vehículo llevando al Santo Padre. Una prolongada ovación se instaló en la fría noche y el espléndido acto, organizado por los mismos jóvenes tuvo su estruendoso comienzo con la exposición de fuegos artificiales y la entrada de la Cruz del Año Santo, cedida por el Papa a los Jóvenes del mundo.
El cardenal Eduardo Pironio, organizador de la Jornada Mundial de la Juventud, le dio la bienvenida al Santo Padre en la que expreso que “sea ésta una verdadera fiesta de amor” “un compromiso para construir la nueva sociedad del tercer milenio”
El acto central estuvo dividido en tres bloques, uno argentino, otro latinoamericano y otro mundial, tras cada uno de los cuales Juan Pablo II dirigiuó un mensaje distinto. El primero fue un diálogo entre el canto de nuestras raíces (presentado por el Martín Fierro) con el de las nuevas generaciones, acentuando valores y realidades como el dolor, la guerra, la injusticia, el amor, etc.
El segundo bloque, el latinoamericano, fue un auto-sacramental en el que a través de marionetas se representa un diálogo entre el indio Juan Diego y la Virgen de Guadalupe junto a otros santos y evangelizadores latinoamericanos. Diálogo a través del cual se refleja la realidad de los jóvenes de este continente.
Ricos testimonios de jóvenes representantes de Asia, África, Europa y Oceanía y América fueron vertidos durante el tercer bloque, luego del cual hubo varias sorpresas como el saludo fraterno de un joven chileno y otro argentino, la entrada de una luz encendida en la tumba de San Pedro y en el clima espiritual profundo que se vivió hasta y después que hubo retirado el Santo Padre. Si, fueron muchos los que se quedaron en vigilia, pese al intenso frio, esperando y rezando hasta la misa del domingo de Ramos.
Sol brillante y ramos de olivos
“¡Dejaos abrazar por el misterio pascual!” pidió el Santo Padre a los presentes en la misa de Ramos. –más de 1.500.000 fieles- celebrada en una espléndida jornada de sol que premió la espera de tantos jóvenes bajo el frio y la lluvia del día anterior. Banderas papales, argentinas y extranjeras junto a millones de ramos de olivos levantados recibieron al Vicario de Cristo y lo despidieron con un “hasta pronto”. Hasta la próxima Jornada Mundial de la Juventud. ¡¡¡Hasta siempre y gracias…!!! Gracias por tu visita y por ser noble testigo de este nuevo sol que hoy se levanta para la nueva juventud que nace hoy.
S.P.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 34 y 36.
El Papa se fue muy contento. Reportaje a Monseñor Jorge Casaretto
El Papa mostró los jóvenes un plan de vida, muy claro, en esa Jornada Mundial de la Juventud cuyo desarrollo superó mis expectativas –nos dijo Mons. Jorge Casaretto, presidente de la comisión episcopal de laicos, el pastor de la juventud argentina.
“Quiero recalcar el gran aliento esperanzador y de fortaleza que Juan pablo II dejó en los jóvenes, valores que les planteó incluso en forma explícita, pero que recojo, además, como resultante”, prosiguió en su charla con ESQUIÚ, con la sencillez y disponibilidad de siempre, en un breve aparte de su tarea permanente de aliento y guía para los dirigentes juveniles.
“Nuevamente, los llevó a tomar conciencia de que ellos son la esperanza del Papa y de la Iglesia, y en el bloque latinoamericano (en el acto del sábado) les puntualizó que eran los protagonistas de una doble esperanza: por la edad que tienen y por vivir en este continente, el de la esperanza”, prosiguió el obispo de San Isidro.
“La fortaleza también la planteó en dos órdenes: en cuanto a resistencia frente a lo que, de alguna manera, está minando las posibilidades de evangelización y, en el otro, ser fuertes para implantar el Evangelio y llevar adelante una auténtica acción misionera”.
“Si se leen los cuatro discursos de Juan Pablo II (los tres correspondientes a los bloques, del sábado, y la homilía del Domingo de Ramos) se ve, claramente, los pasos de quien decida ser constructor de la civilización del Amor”, amplió Monseñor: “Por ejemplo: ser hombres y mujeres de oración, vivir virtudes como la abnegación, la generosidad, la solidaridad. Los llama a leer atentamente la Escritura, a que la mediten y asuman una vida de gracia. Incluso los invita a la dirección espiritual. Todo un plan en el que figura –además- el desarrollo de las virtudes sociales.
-¿Qué opina de la realización de las jornadas? –preguntamos a quien integró el comité organizador, junto a monseñor Luis Villalba y dirigentes nacionales.
-Superó mis expectativas, nunca lo hubiera pensado sinceramente… y lo digo tanto por la concurrencia, porque fue numerosa y en la que se vio que los jóvenes se sintieron realmente convocados por el Papa, como por la organización. Tuvimos, sin duda, una gran gracia de Dios. Todo salió muy bien y aunque hay muchos jóvenes que lo prepararon, se necesitaba la fuerza de Dios para que todo camine así.
-¿Y en adelante Monseñor?
“Quiero recalcar el gran aliento esperanzador y de fortaleza que Juan pablo II dejó en los jóvenes, valores que les planteó incluso en forma explícita, pero que recojo, además, como resultante”, prosiguió en su charla con ESQUIÚ, con la sencillez y disponibilidad de siempre, en un breve aparte de su tarea permanente de aliento y guía para los dirigentes juveniles.“Nuevamente, los llevó a tomar conciencia de que ellos son la esperanza del Papa y de la Iglesia, y en el bloque latinoamericano (en el acto del sábado) les puntualizó que eran los protagonistas de una doble esperanza: por la edad que tienen y por vivir en este continente, el de la esperanza”, prosiguió el obispo de San Isidro.
“La fortaleza también la planteó en dos órdenes: en cuanto a resistencia frente a lo que, de alguna manera, está minando las posibilidades de evangelización y, en el otro, ser fuertes para implantar el Evangelio y llevar adelante una auténtica acción misionera”.
“Si se leen los cuatro discursos de Juan Pablo II (los tres correspondientes a los bloques, del sábado, y la homilía del Domingo de Ramos) se ve, claramente, los pasos de quien decida ser constructor de la civilización del Amor”, amplió Monseñor: “Por ejemplo: ser hombres y mujeres de oración, vivir virtudes como la abnegación, la generosidad, la solidaridad. Los llama a leer atentamente la Escritura, a que la mediten y asuman una vida de gracia. Incluso los invita a la dirección espiritual. Todo un plan en el que figura –además- el desarrollo de las virtudes sociales.
-¿Qué opina de la realización de las jornadas? –preguntamos a quien integró el comité organizador, junto a monseñor Luis Villalba y dirigentes nacionales.
-Superó mis expectativas, nunca lo hubiera pensado sinceramente… y lo digo tanto por la concurrencia, porque fue numerosa y en la que se vio que los jóvenes se sintieron realmente convocados por el Papa, como por la organización. Tuvimos, sin duda, una gran gracia de Dios. Todo salió muy bien y aunque hay muchos jóvenes que lo prepararon, se necesitaba la fuerza de Dios para que todo camine así.
-¿Y en adelante Monseñor?
-Le pido a los jóvenes que se pongan en estado de reflexión sobre cuánto nos dijo el Pontífice: que mediten y profundicen, más allá del entusiasmo que, como él mismo les dijo, puede ser peligroso. Y que se lancen a trabajar en este plan pastoral que se viene desarrollando en la Iglesia respecto a la juventud y que tiene continuidad.
Luego de nuestra charla, Mons. Casaretto presidió la Eucaristía junto a cuantos contribuyeron en la realización de la Jornada Mundial, en cuya homilía comenzó por dar gracias a Dios… “”Creo, a mi entender –dijo- que fue un hecho evangelizador –no triunfalista- y el Papa se fue muy contento”.
M.N.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 34.
JMJ1987 El protagonismo de los jóvenes
Dialogo inolvidable entre el Papa y la Juventud, la juventud y el Papa
“Gracias por esta asamblea, por esta celebración” dijo el Santo Padre a los jóvenes el sábado por le noche.
La satisfacción del Santo Padre ante la realización de la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires quedó manifestada a través de varias vías. Pero más allá de los voceros o integrantes de la comitiva vaticana (“se vio al Papa con un gozo y felicidad no alcanzables en ningún momento de la gira al Cono Sur –se oyó-, está la propia manifestación del Pontífice: “muy bonita reunión” –dijo, improvisando, antes de retirarse de la 9 de Julio.
“Gracias por esta asamblea, por esta celebración”, llegamos a escuchar, mientras instaba una vez más a ser Luz de Cristo y los miles y miles de jóvenes daban paso a la alegría desbordante.
Así, cálido, conmovedor y fuerte, fue este paso del Peregrino de la Paz entre los jóvenes, en Buenos Aires. Y bueno es recordar, aunque se reitere, la satisfacción por el objetivo alcanzado ante una manifestación que, en América latina, vivió su prueba de fuego, en la primera realización fuera de Roma.
Quedó como una puerta abierta a otros continentes y países, cuyas conferencias episcopales ya formularon propuestas.
Pero es importante señalar que lo vivido en la Capital Federal, con jóvenes de todo el país y unos 10.000 extranjeros, es mucho más que una respuesta bulliciosa (y silenciosa cuando era necesario) de un montón de jóvenes.
Reiteró, por un lado, la atracción que el Vicario de Cristo concita en los jóvenes, alimentada por un testimonio fuerte de amor y predilección hacia ellos, a quienes no ahorra palabras claras, contundentes, exigentes. Les habla con el idioma y el estilo de Cristo, en la forma que ellos necesitan. Pero el éxito de la Jornada también tuvo otro eje: tal se lo había propuesto el comité ejecutivo –según declaró Gustavo Magisch, oportunamente a la prensa- la celebración se delineó en forma de diálogo entre el Papa y los jóvenes, los jóvenes y el papa. Así fue.
Ellos, además de escuchar, también testimoniaron, demostraron y pusieron en evidencia sus anhelos y angustias, sus deseos y preocupaciones…
Esta línea de participación (en la que estuvo presente la juventud de los cinco continentes a través de sus delegados) es la que se viene siguiendo en la pastoral juvenil en nuestra patria.
Solo desde esa perspectiva se comprende el éxito del Encuentro Nacional de Juventud ’85, una convocatoria a las chicas y muchachos, sobre todo de 17 a 30 años, a construir el país como “una patria de hermanos”.
Ahora el Papa los llamó, con un mandato especial, a construir una nueva civilización, asumiendo de un modo nuevo la evangelización.
Tal vez sea este, aunque no lo parezca, el momento más difícil para profundizar, concretamente, los pasos a seguir en la pastoral nacional, tan marcada en nuestra patria, en torno de hechos, acontecimientos –como el de Córdoba o éste-, fuera de los habituales.
Se trata de asumir –con redoblado entusiasmo- la continuidad de un plan evangelizador, de anuncio en todos los ambientes juveniles, sin la espectacularidad de las multitudes o los cantos, de la euforia o la presencia misma del Papa de los jóvenes, del amigo, del comunicador elocuente de la Luz y la verdad. Pero los jóvenes ya saben ser protagonistas.
“Gracias por esta asamblea, por esta celebración” dijo el Santo Padre a los jóvenes el sábado por le noche.
La satisfacción del Santo Padre ante la realización de la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires quedó manifestada a través de varias vías. Pero más allá de los voceros o integrantes de la comitiva vaticana (“se vio al Papa con un gozo y felicidad no alcanzables en ningún momento de la gira al Cono Sur –se oyó-, está la propia manifestación del Pontífice: “muy bonita reunión” –dijo, improvisando, antes de retirarse de la 9 de Julio.“Gracias por esta asamblea, por esta celebración”, llegamos a escuchar, mientras instaba una vez más a ser Luz de Cristo y los miles y miles de jóvenes daban paso a la alegría desbordante.
Así, cálido, conmovedor y fuerte, fue este paso del Peregrino de la Paz entre los jóvenes, en Buenos Aires. Y bueno es recordar, aunque se reitere, la satisfacción por el objetivo alcanzado ante una manifestación que, en América latina, vivió su prueba de fuego, en la primera realización fuera de Roma.
Quedó como una puerta abierta a otros continentes y países, cuyas conferencias episcopales ya formularon propuestas.
Pero es importante señalar que lo vivido en la Capital Federal, con jóvenes de todo el país y unos 10.000 extranjeros, es mucho más que una respuesta bulliciosa (y silenciosa cuando era necesario) de un montón de jóvenes.
Reiteró, por un lado, la atracción que el Vicario de Cristo concita en los jóvenes, alimentada por un testimonio fuerte de amor y predilección hacia ellos, a quienes no ahorra palabras claras, contundentes, exigentes. Les habla con el idioma y el estilo de Cristo, en la forma que ellos necesitan. Pero el éxito de la Jornada también tuvo otro eje: tal se lo había propuesto el comité ejecutivo –según declaró Gustavo Magisch, oportunamente a la prensa- la celebración se delineó en forma de diálogo entre el Papa y los jóvenes, los jóvenes y el papa. Así fue.
Ellos, además de escuchar, también testimoniaron, demostraron y pusieron en evidencia sus anhelos y angustias, sus deseos y preocupaciones…
Esta línea de participación (en la que estuvo presente la juventud de los cinco continentes a través de sus delegados) es la que se viene siguiendo en la pastoral juvenil en nuestra patria.
Solo desde esa perspectiva se comprende el éxito del Encuentro Nacional de Juventud ’85, una convocatoria a las chicas y muchachos, sobre todo de 17 a 30 años, a construir el país como “una patria de hermanos”.
Ahora el Papa los llamó, con un mandato especial, a construir una nueva civilización, asumiendo de un modo nuevo la evangelización.
Tal vez sea este, aunque no lo parezca, el momento más difícil para profundizar, concretamente, los pasos a seguir en la pastoral nacional, tan marcada en nuestra patria, en torno de hechos, acontecimientos –como el de Córdoba o éste-, fuera de los habituales.
Se trata de asumir –con redoblado entusiasmo- la continuidad de un plan evangelizador, de anuncio en todos los ambientes juveniles, sin la espectacularidad de las multitudes o los cantos, de la euforia o la presencia misma del Papa de los jóvenes, del amigo, del comunicador elocuente de la Luz y la verdad. Pero los jóvenes ya saben ser protagonistas.
Marta Noce.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 32.
Una evangelización nueva pide el Papa a nuestra Iglesia
“Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”
“Fue un llamado muy fuerte a la unidad episcopal” el que dirigió Juan Pablo II a nuestros pastores. Cerró una serie de mensajes al Pueblo de Dios en los cuales instó a emprender una evangelización “nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”; en la que los laicos tienen su lugar de importancia.
Una nueva evangelización “nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”, presentó Juan Pablo II al Pueblo de Dios, en la Argentina, como dijo a los obispos en el Celam, en Haití. En su mensaje a los agentes de pastoral, a obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, ya sea en el Estadio de Vélez, en la nueva sede Episcopal, en Rosario o en cualquier punto del país, llamó a los bautizados a profundizar la obra evangelizadora iniciada hace casi cinco siglos en este continente.
El Pontífice quiso subrayar –como manifestó en la flamante sede-líneas “cuyos resultados no suelen verse a corto plazo, son como el grano de trigo del Evangelio, que cae en la tierra y muere, produce muchos frutos, porque lleva en si el germen de la vida de Dios”.
Lo dijo repetidamente y con distintas formas, más allá de su conmovedor testimonio, de por si elocuente. En la Catedral Metropolitana, el lunes 6 –tras la bienvenida en el aeroparque- pidió que fuéramos “piedras vivas”, “firmemente apoyadas en Jesucristo, piedra angular del edificio de la Iglesia”.
“El Evangelio es proclamado por medio de palabras vivas, de gestos de vida”, expreso en Vélez. Por eso, al plantear el deseo de reavivar “el objetivo final y grandioso de toda evangelización”, proclamó que “todos somos Cristo”, “con la alegría pascual de prolongar, cada uno según su propia vocación, la presencia, la palabra, el sacrificio y la acción salvífica de Cristo…”
Esa identidad entre la vida y el Evangelio la repitió a cada ambiente o sector ya sea rural, obrero, empresarial, el de la cultura, la familia… pero a los agentes de pastoral, reunidos en su conjunto en Vélez, planteó el viernes 11, por la mañana, el anuncio como “una urgencia apremiante, una obligación santa, así como lo confiesa el apóstol: ¡Ay de mi, si no evangelizare!.
Fue un llamado a encarnar los valores evangélicos, en la esperanza, con una “catequesis abierta al dinamismo misionero de la Iglesia –dijo relacionándolo con el próximo Congreso Nacional-, con parroquias que deben ser comunidades “misioneras y servidoras” (recordó en Viedma).
“¡Iglesia en Argentina: levántate y resplandece porque ha llegado tu luz…” –dijo toando el versículo de Isaías… “Como pido a Dios que Argentina camine en la luz de Cristo”. Y en la medida que nuestra Iglesia, y la de Latinoamérica, le sea fiel al Señor “podrá ser luz que ilumine al mundo para que camine por el sendero de la solidaridad, de la sencillez, de las virtudes humanas y cristianas que son el verdadero fundamento de la sociedad, de la familia, de la paz en los corazones”. Ser luz de Cristo: Así se lo pidió a los jóvenes en la Jornada Mundial.
En la Patagonia, en su discurso sobre la nueva evangelización, puntualizó que llevaremos a cabo la tarea evangelizadora, “sintiéndonos miembros vivos de una Iglesia que es comunión”, solo desde ella se puede “entender la vocación y misión del cristiano”, añadió.
Unidad y pluralismo episcopal
El fundamento de esa evangelización se apoya “en nuestra propia unidad de pastores, modelo y causa visible de la comunión eclesial”, dijo el Papa a los obispos, en su discurso del domingo 12.
“Fue un llamado muy fuerte a la unidad episcopal” –nos comentó un pastor- “unidad de pensamiento, de palabra, de sentimientos y de acción entre los obispos, miembros de un mismo Colegio…” prosiguió, entonces el pontífice.
Mucho se ha hablado de este tema en la Iglesia jerárquica en los últimos tiempos. Unidad que requiere “armonía en las particularidades, que las supere sin anularlas”. Y distinguió entre pluriformidad –verdadera riqueza, “es ella misma catolicidad”- y pluralismo, que el Sínodo Extraordinario de Obispos, de 1985, consideró que (fundado sobre la yuxtaposición de posiciones opuestas) “conduce a la disolución, a la destrucción, a la pérdida de la propia identidad”.
En Salta, en el acto del V centenario de la evangelización, el Maestro de la fe tuvo palabras de reconocimiento a los primeros anunciadores de la fe en nuestra patria. Lo repitió, gozosamente, en otros mensajes y reconoció en los obispos actuales su difícil tarea, destacando los “severos documentos condenando la violencia e invitando a la reconciliación” y las “abnegadas gestiones que salvaron vidas”.
A los pastores les habló también de los seminaristas y de la formación espiritual que haga de ellos hombres de Dios, enraizados “en el Espíritu de Cristo por el vigor sobrenatural de su fe…” de su formación doctrinal y pastoral. También les habló de los laicos.
Los laicos ante el desafío de hoy.
Centrado en conceptos de la “Evangelii Nuntiandi” (Pablo VI) y del Concilio Vaticano II (Apostolicam actuositatem), Juan Pablo II recordó a los laicos su deber de poner las realidades temporales “al servicio de la edificación del Reino…” Este momento de la Argentina –manifestó el Papa a los obispos- requiere “el empeño eficaz de un laicado maduro en su fe, preparado intelectual y apostólicamente para hacer frente a los desafíos de hoy”
A los seglares habló en forma directa y especial, durante la celebración de la misa en Rosario, en torno al monumento a la Bandera. Pidió a todos –tras recordar que no hay actividad humana temporal que “sea ajena a la tarea evangelizadora”- “que asumáis decididamente vuestro apostolado específico e irremplazable, en vuestra vida profesional, familiar y social, en las parroquias, a través de vuestras asociaciones, en particular la Acción Católica”.
Señaló el Papa “la necesidad de que los cónyuges cristianos vivan plenamente su matrimonio con una participación de la unión fecunda e indisoluble entre Cristo y la Iglesia, sintiéndose responsables de la educación íntegra, ante todo religiosa y moral…” Y habló del reto que “supone el campo de la justicia y de las instituciones ordenadas al bien común”.
Insistió en el papel del seglar en el campo de la educación y de una cultura “de la verdad y del bien, que pueda contribuir a una colaboración fecunda entre la verdad y la fe”
Consideró su formación y espiritualidad (a los obispos y precisó, también en su mensaje en Viedma), “un binomio inseparable para quien aspire a conducir una vida cristiana verdaderamente comprometida en la edificación y en la construcción de una sociedad más justa y fraterna”. Poco antes había pedido, enfáticamente, que nadie se sintiera tranquilo mientras hubiera “un hijo de Dios cuya dignidad humana y cristiana no sea respetada…”
Cuantas veces expuso, de variadas formas, un programa de vida para el cristiano. En Paraná, por ejemplo: “vuestra conducta debe ser tal que los demás puedan decir al veros: éste es cristiano, porque no es signo de división, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque sabe sobreponerse a los bajos instintos, porque es trabajador sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama, porque reza”.
“El futuro de la evangelización en Argentina (expresó en Salta) requiere una continua conversión a Cristo de todos los hijos de Dios que forman parte de esta Nación”. Pero una conversión que “se manifiesta en obras”.
“Habéis sido llamados –dijo a sacerdotes, religiosos y laicos, en Liniers- y cautivados por el ejemplo del amor del mismo Cristo, y también por el ejemplo de san Pablo y de tantos santos y santas, apóstoles y fundadores, para haceros débiles con los débiles, de modo que seáis “todo para todos para salvarlos a todos”.
“Fue un llamado muy fuerte a la unidad episcopal” el que dirigió Juan Pablo II a nuestros pastores. Cerró una serie de mensajes al Pueblo de Dios en los cuales instó a emprender una evangelización “nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”; en la que los laicos tienen su lugar de importancia.Una nueva evangelización “nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”, presentó Juan Pablo II al Pueblo de Dios, en la Argentina, como dijo a los obispos en el Celam, en Haití. En su mensaje a los agentes de pastoral, a obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, ya sea en el Estadio de Vélez, en la nueva sede Episcopal, en Rosario o en cualquier punto del país, llamó a los bautizados a profundizar la obra evangelizadora iniciada hace casi cinco siglos en este continente.
El Pontífice quiso subrayar –como manifestó en la flamante sede-líneas “cuyos resultados no suelen verse a corto plazo, son como el grano de trigo del Evangelio, que cae en la tierra y muere, produce muchos frutos, porque lleva en si el germen de la vida de Dios”.
Lo dijo repetidamente y con distintas formas, más allá de su conmovedor testimonio, de por si elocuente. En la Catedral Metropolitana, el lunes 6 –tras la bienvenida en el aeroparque- pidió que fuéramos “piedras vivas”, “firmemente apoyadas en Jesucristo, piedra angular del edificio de la Iglesia”.
“El Evangelio es proclamado por medio de palabras vivas, de gestos de vida”, expreso en Vélez. Por eso, al plantear el deseo de reavivar “el objetivo final y grandioso de toda evangelización”, proclamó que “todos somos Cristo”, “con la alegría pascual de prolongar, cada uno según su propia vocación, la presencia, la palabra, el sacrificio y la acción salvífica de Cristo…”
Esa identidad entre la vida y el Evangelio la repitió a cada ambiente o sector ya sea rural, obrero, empresarial, el de la cultura, la familia… pero a los agentes de pastoral, reunidos en su conjunto en Vélez, planteó el viernes 11, por la mañana, el anuncio como “una urgencia apremiante, una obligación santa, así como lo confiesa el apóstol: ¡Ay de mi, si no evangelizare!.
Fue un llamado a encarnar los valores evangélicos, en la esperanza, con una “catequesis abierta al dinamismo misionero de la Iglesia –dijo relacionándolo con el próximo Congreso Nacional-, con parroquias que deben ser comunidades “misioneras y servidoras” (recordó en Viedma).
“¡Iglesia en Argentina: levántate y resplandece porque ha llegado tu luz…” –dijo toando el versículo de Isaías… “Como pido a Dios que Argentina camine en la luz de Cristo”. Y en la medida que nuestra Iglesia, y la de Latinoamérica, le sea fiel al Señor “podrá ser luz que ilumine al mundo para que camine por el sendero de la solidaridad, de la sencillez, de las virtudes humanas y cristianas que son el verdadero fundamento de la sociedad, de la familia, de la paz en los corazones”. Ser luz de Cristo: Así se lo pidió a los jóvenes en la Jornada Mundial.
En la Patagonia, en su discurso sobre la nueva evangelización, puntualizó que llevaremos a cabo la tarea evangelizadora, “sintiéndonos miembros vivos de una Iglesia que es comunión”, solo desde ella se puede “entender la vocación y misión del cristiano”, añadió.
Unidad y pluralismo episcopalEl fundamento de esa evangelización se apoya “en nuestra propia unidad de pastores, modelo y causa visible de la comunión eclesial”, dijo el Papa a los obispos, en su discurso del domingo 12.
“Fue un llamado muy fuerte a la unidad episcopal” –nos comentó un pastor- “unidad de pensamiento, de palabra, de sentimientos y de acción entre los obispos, miembros de un mismo Colegio…” prosiguió, entonces el pontífice.
Mucho se ha hablado de este tema en la Iglesia jerárquica en los últimos tiempos. Unidad que requiere “armonía en las particularidades, que las supere sin anularlas”. Y distinguió entre pluriformidad –verdadera riqueza, “es ella misma catolicidad”- y pluralismo, que el Sínodo Extraordinario de Obispos, de 1985, consideró que (fundado sobre la yuxtaposición de posiciones opuestas) “conduce a la disolución, a la destrucción, a la pérdida de la propia identidad”.
En Salta, en el acto del V centenario de la evangelización, el Maestro de la fe tuvo palabras de reconocimiento a los primeros anunciadores de la fe en nuestra patria. Lo repitió, gozosamente, en otros mensajes y reconoció en los obispos actuales su difícil tarea, destacando los “severos documentos condenando la violencia e invitando a la reconciliación” y las “abnegadas gestiones que salvaron vidas”.
A los pastores les habló también de los seminaristas y de la formación espiritual que haga de ellos hombres de Dios, enraizados “en el Espíritu de Cristo por el vigor sobrenatural de su fe…” de su formación doctrinal y pastoral. También les habló de los laicos.
Los laicos ante el desafío de hoy.
Centrado en conceptos de la “Evangelii Nuntiandi” (Pablo VI) y del Concilio Vaticano II (Apostolicam actuositatem), Juan Pablo II recordó a los laicos su deber de poner las realidades temporales “al servicio de la edificación del Reino…” Este momento de la Argentina –manifestó el Papa a los obispos- requiere “el empeño eficaz de un laicado maduro en su fe, preparado intelectual y apostólicamente para hacer frente a los desafíos de hoy”
A los seglares habló en forma directa y especial, durante la celebración de la misa en Rosario, en torno al monumento a la Bandera. Pidió a todos –tras recordar que no hay actividad humana temporal que “sea ajena a la tarea evangelizadora”- “que asumáis decididamente vuestro apostolado específico e irremplazable, en vuestra vida profesional, familiar y social, en las parroquias, a través de vuestras asociaciones, en particular la Acción Católica”.
Señaló el Papa “la necesidad de que los cónyuges cristianos vivan plenamente su matrimonio con una participación de la unión fecunda e indisoluble entre Cristo y la Iglesia, sintiéndose responsables de la educación íntegra, ante todo religiosa y moral…” Y habló del reto que “supone el campo de la justicia y de las instituciones ordenadas al bien común”.
Insistió en el papel del seglar en el campo de la educación y de una cultura “de la verdad y del bien, que pueda contribuir a una colaboración fecunda entre la verdad y la fe”
Consideró su formación y espiritualidad (a los obispos y precisó, también en su mensaje en Viedma), “un binomio inseparable para quien aspire a conducir una vida cristiana verdaderamente comprometida en la edificación y en la construcción de una sociedad más justa y fraterna”. Poco antes había pedido, enfáticamente, que nadie se sintiera tranquilo mientras hubiera “un hijo de Dios cuya dignidad humana y cristiana no sea respetada…”
Cuantas veces expuso, de variadas formas, un programa de vida para el cristiano. En Paraná, por ejemplo: “vuestra conducta debe ser tal que los demás puedan decir al veros: éste es cristiano, porque no es signo de división, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque sabe sobreponerse a los bajos instintos, porque es trabajador sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama, porque reza”.“El futuro de la evangelización en Argentina (expresó en Salta) requiere una continua conversión a Cristo de todos los hijos de Dios que forman parte de esta Nación”. Pero una conversión que “se manifiesta en obras”.
“Habéis sido llamados –dijo a sacerdotes, religiosos y laicos, en Liniers- y cautivados por el ejemplo del amor del mismo Cristo, y también por el ejemplo de san Pablo y de tantos santos y santas, apóstoles y fundadores, para haceros débiles con los débiles, de modo que seáis “todo para todos para salvarlos a todos”.
Marta Noce.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 páginas 26, 28 y 30.
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Los argentinos y el Papa: contacto de fe y cariño
Pasos, voces y gestos del Peregrino en la Argentina
Miles de kilómetros recorridos; nueve provincias y la Capital Federal; hombres y mujeres de diversa extracción social, religiosa y política, que sumaron 4.000.000 de personas en todos los actos, fueron testigos de los 26 mensajes pastorales de Juan Pablo II. Así sintetizamos su histórico recorrido.
¡Bien venido. Bien venido Mensajero de la paz!”. Un canto, una sola voz, un clamor pleno de esperanza coreó al unísono esa frase, a través de toda la Argentina. Fue el testimonio de un pueblo alrededor de su pastor. El Vicario de Cristo. El sucesor de Pedro. El cálido y paternal polaco, hijo de una tierra sometida e irredenta, que volvió a nuestra patria “como humilde servidor y maestro de la fe”, tal sus palabras.
Miles de kilómetros recorridos; nueve provincias y la Capital Federal; hombres y mujeres de diversa extracción social, religiosa y política, que sumaron 4.000.000 de personas en todos los actos, fueron testigos de los 26 mensajes pastorales de Juan Pablo II. Así sintetizamos su histórico recorrido.
¡Bien venido. Bien venido Mensajero de la paz!”. Un canto, una sola voz, un clamor pleno de esperanza coreó al unísono esa frase, a través de toda la Argentina. Fue el testimonio de un pueblo alrededor de su pastor. El Vicario de Cristo. El sucesor de Pedro. El cálido y paternal polaco, hijo de una tierra sometida e irredenta, que volvió a nuestra patria “como humilde servidor y maestro de la fe”, tal sus palabras.Su Santidad Juan Pablo II realizó así uno de sus más extensos periplos pastorales, desde su asunción al pontificado. Después de su presencia en Uruguay y Chile, visitó en nuestro país 9 provincias y la Capital Federal. Sumó 26 piezas oratorias, entre discursos, homilías, alocuciones, mensajes y consagraciones. Si contabilizáramos la concurrencia a los diversos actos obtendríamos como resultado la asistencia de casi 4.000.000 de personas.
Todos los temas, aún los mas conflictivos, fueron tratados en sus alocuciones. Siempre en una línea pastoral, teológica y evangélica y desestimando la opinión de grupos minúsculos que pretenden ver fantasmas donde no los hay.
Se encontró con los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos consagrados y agentes de pastoral, diplomáticos, trabajadores y sindicalistas, ruralistas e inmigrantes carenciados, enfermos, aborígenes, empresarios y representantes del mundo de la cultura.
Su gran espíritu ecuménico lo llevó a recibir a los representantes de las comunidades judía e islámica. Así como de las iglesias cristianas no católicas. Tampoco olvidó a los recluidos en las cárceles, ni omitió una referencia al pasado difícil y doloroso que tuvo la Nación.
Se alegró con los ucranios en su sede religiosa y exaltó su amor y comunión con la tierra madre, junto a sus compatriotas en la inolvidable noche del Luna Park.
Hizo propia la lengua aborigen para unirse a mapuches, guaraníes, tobas y otras razas representadas y decirles cuan cerca están de su corazón.
Repasando sus mensajes podrían extractarse varios lugares comunes de virtuoso contenido: El amor la reconciliación, la paz; la dignidad del hombre, la justicia, la evangelización, la fe, la esperanza, la unidad familiar la vida.
Todo en nombre de Dios, de su Hijo, del Espíritu de Dios. Siempre en nombre de María. La que lleva en su corazón bajo la advocación de Nuestra Señora de Czestochowa. La misma a la que consagró a todos los argentinos bajo la advocación de nuestra Santa Patrona de Luján.
Esta es una apretada síntesis de los que el pueblo argentino recibió en un fatigoso recorrido de miles de kilómetros, del Papa peregrino. Una catequesis magistral, profunda e inolvidable.
Buenos Aires: la fe, el trabajo, la empresa
La Capital Federal, dada su característica y densidad poblacional, fue testigo de los encuentros más diversos del Santo Padre. Entre ellos debe destacarse el acto en Vélez Sarfield con los consagrados y agentes de pastoral. Alrededor de 38.000 personas, entre sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, en un marco donde se entremezclaban la piedad y la euforia, escucharon con unción la homilía de Juan Pablo II. Allí se recordó que. “Todos somos de Cristo. Somos totalmente suyos por el bautismo, por la misión, por la ordenación sacerdotal, por la consagración religiosa (…) con la alegría de prolongar, cada uno según su propia vocación, la presencia, la palabra, el sacrificio y la acción salvífica de Cristo, vencedor del pecado y de la muerte”.En lúcida exhortación el Papa exclamó: "¡Iglesia en Argentina! Levántate y resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti”.
No menos significativo fue el acto en el Mercado Central con el “Mundo del Trabajo”, Trabajadores y sindicalistas lo escucharon volver a precisar el mensaje de su encíclica “Laborem exercens”. Les recordó que el trabajo es una vocación que eleva al hombre a ser partícipe de la acción creadora de Dios. El medio que Dios le ofrece para someter la tierra. Los alentó para que superen el desánimo, la tristeza y la desesperanza ante los problemas acuciantes que enfrentan. Pidió por un esquema de producción al servicio de los valores personales y no al servicio de la simple especulación o la ganancia. Hizo mención a favor de un sindicalismo constructivo para la comunidad toda, evitando que sirva solo a los intereses políticos.
Allí enfatizó: “¿Cómo se puede quedar cruzado de brazos ante las injusticias, si la justicia es el presupuesto básico y primer fruto de la caridad? (…) se requiere de cada uno de vosotros un compromiso exigente que os lleve a decir ¡basta! A todo lo que sea una clara violación de la dignidad del trabajador.”
Por otra parte en su reunión con los empresarios les recodó el rico contenido de la Doctrina Social de la Iglesia. Elogió lo importante de esa tarea y los instó a ser magnánimos en la distribución de los beneficios. Les recordó que la Iglesia se opone a cualquier degradación de la persona y que el hombre no puede ser considerado un simple instrumento de producción.
Pidiendo por un empresariado profundamente humano, Juan Pablo II condeno: “la insaciable ser de lucro; la ganancia fácil e inmoral; la tentación del poder; las ambiciones desmedidas; el egoísmo desenfrenado; la falta de honestidad en los negocios y las injusticias hacia vuestros obreros”. Expresión que motivo prolongados aplausos del auditorio y mereció una original salida del Papa: “Muchas gracias por este aplauso. Porque no es fácil aplaudir esta clase de afirmaciones”, expreso con agudeza.
En el Teatro Colón, junto con los representantes del quehacer cultural, puntualizó el interés de la Iglesia por la cultura y la necesidad de fomentar la colaboración entre fe y ciencia, así como la necesidad de superar el vacio actual de la cultura tecnológica. De llevar al hombre hacia una excelencia verdaderamente digna de su identidad, de su ser imagen de Dios.
Elocuente testimonio juvenil
El sábado 11, por la noche (Encuentro con los jóvenes) y el Domingo de Ramos (II Jornada Mundial de la Juventud) por la mañana, difícilmente podrán borrarse de los ojos de Juan Pablo II. La avenida 9 de Julio, desde Santa Fe hasta más allá del Obelisco, albergó alrededor de un millón de jóvenes en cada jornada. Allí el único compromiso era la fe en Dios y el amor al Santo Padre. En este marco de la juventud solidaria, plena de ideales y portadora de la esperanza, el pontífice oró con ellos. Con los argentinos y con los que provenían de los cinco continentes. Escuchó con paternal cariño su clamor por un mundo más justo y menos alejado de Dios. Se alegró con sus alegrías y se turbó con sus luchas y tristezas. Les habló de América, el continente de la Esperanza y de su preocupación por los que aún no conocen a Dios. Los animó con un “¡Espero mucho de vosotros!” y les aseguró, con una expresión de total predilección que “Quiero repetiros, una vez más –como os dije desde el primer día de mi pontificado- que sois la esperanza del Papa”.
El Domingo de Ramos les expreso que los jóvenes siempre estuvieron junto a Jesús. Desde aquella entrada triunfal en Jerusalén, cuando los “pueri Hebreor um” (jóvenes hebreos) salieron a recibir con ramos de olivo. “Como si quisieran acompañarlo para siempre de manera especial, cada vez que la Iglesia celebra esta fiesta singularmente nuestra”, enfatizó. Finalizando con un “¡venid jóvenes! ¡Acercaos a Cristo, Redentor del hombre! (…) ¡Dejaos abrazar por el misterio pascual!”.
El amor conyugal, la Patria y el Evangelio.
Córdoba vivió la mayor de sus jornadas. Como si la ciudad, sus zonas de influencia, sus sierras y sus ríos se hubieran dado cita en esas 700.000 personas que albergó en Área Material Córdoba para recibirlo. Muy temprano el Santo Padre había llevado su palabra de confortación para los enfermos que lo esperaron, junto a trabajadores de la salud, en la Iglesia catedral. Eran las criaturas más queridas. Las que sufren como sufrió Cristo el dolor de la Cruz. Y para todos tuvo una palabra, un gesto, una caricia. Como reivindicando el valor del testimonio del dolor. Luego, en la Santa Misa, tuvo las expresiones más decididas a favor del amor conyugal, la defensa de la familia y la indisolubilidad matrimonial. “No la olvidéis nunca –expreso- el futuro de la humanidad se fragua en la familia”.
Luego de mencionar que no faltan signos de preocupante degradación respecto de algunos valores fundamentales del matrimonio y de la familia y de criticar a quienes se atreven a ridiculizar la idea de un compromiso fiel para toda la vida, puntualizó que “podéis estar seguros de que desgraciadamente esas personas no saben lo que es amar”. Finalizando con un “Oponeos, pues, resueltamente, con vuestra palabra y con vuestro ejemplo, a cualquier intento de menoscabar el genuino amor matrimonial y familiar”.
En el aeropuerto de Tucumán, con un calor abrazador (34 grados) y ante 100.000 personas que requerían la salvífica lluvia de camiones hidrantes para combatir los riesgos de la deshidratación, Juan Pablo II habló en Tucumán y a la Nación toda sobre el amor a la patria. Destacó el patriotismo, la libertad, la herencia cultural e histórica y la dignidad. Haciendo referencia a la nueva etapa democrática enfatizó que: “Percibía la necesidad de lograr una auténtica reconciliación entre todos los argentinos. Una mayor solidaridad; una decidida participación de todos en los proyectos comunes. ¡Es verdaderamente una tarea grande y noble la que tenéis ante vosotros!”
En Salta, el Club Hípico de Limache resultó insuficiente para albergar a las 100.000 personas que fueron a recibirlo. Entre la muchedumbre había 2.400 aborígenes llegados de diversos puntos de Salta y Formosa para expresarle su adhesión y sus preocupaciones. Allí el tema fue “V Centenario de la Evangelización”, a tan solo un lustro de los Quinientos años del descubrimiento de América.Aquí retomó la idea del continente de la esperanza. El que más expresiones de vocación y fidelidad ha dado a la Iglesia. Recordó el mandato de evangelizar a todos los pueblos hasta el fin del mundo. Agradeció también al Pueblo de Dios en Jujuy, Orán, Cafayate y Humahuaca y a los pueblos quechua, guaraní, mapuche y tantos otros herederos de tradiciones y culturas. “Amad los valores de vuestros pueblos y hacedlos fructíferos. Amén, sobre todo, la gran riqueza que por querer divino habéis recibido: vuestra fe cristiana”, destacó. “Por eso –agregó- gracias por los cinco siglos de evangelización en América”.
El mundo rural, los pobres y la paz
En Bahía Blanca 130.000 fieles compartieron la misa en el Cristo del Camino. En la Recepción Monseñor Jorge Mayer pidió que Ceferino Namuncurá y Laura Vicuña “alcancen pronto el honor de los altares” A su vez, el Papa en su homilía se refirió a “La evangelización del mundo rural”. “A vosotros -les dijo- que unís vuestra vocación cristiana con cultivo de la tierra (…) bendigamos a Dios Creador quien, desde el principio, ha dotado a la tierra de tan variadas e incalculables riquezas”.
El Papa condenó la avaricia y el consumismo “lo cual os llevaría a perder vuestras sanas costumbres humanas y familiares, y esa hermosa virtud de los hombres de campo que es la solidaridad”.
En Viedma, ante 25.000 personas, Monseñor Miguel Hesayne le dio la bienvenida, recordando el esfuerzo de las diversas comunidades religiosas, en particular la salesiana, por evangelizar la Patagonia y el duro esfuerzo por llevar el testimonio de la Cruz. A su vez, pidió perdón porque “como Iglesia no siempre nos identificamos con el pobre, el necesitado, el perseguido”.
El Papa se refirió allí a “La nueva evangelización”. Explicitó que la Iglesia participa del amor preferencial de Cristo por los pobres, a pesar de las debilidades y de los errores en que hayan podido incurrir algunos de sus hijos. Resaltó el valor “de la dignidad humana en el actuar; aún más insidiosa que la pobreza material o las opresiones. Dignidad significa magnanimidad, apertura de corazón, querer a todos sin discriminación y perdonar a quienes os hayan ofendido (…) os pido una profunda reconciliación fraterna”. Finalmente en lengua mapuche, saludo a esa comunidad, recordando la amada memoria de Ceferino Namuncurá.
En otra etapa de su “maratón evangélica” Juan Pablo II recibió el afecto de 350.000 mendocinos y cuyanos en memorable jornada y sobresaliente recepción. En el Cruce del Cóndor; el Santo Padre se refirió a “La paz, don de Dios que se conquista cada día”. Era la penúltima etapa de un día en que había recorrido 2.289 kilómetros. En su alocución –entre la multitud había muchos chilenos- el Papa resaltó el valor de dos pueblos católicos que no titubearon en buscar su mediación, para lograr el sagrado don de la paz. Recordó a Monseñor Antonio Samoré y recordó, con san Agustín que “la paz es la tranquilidad en el orden”. Reafirmó el valor de la paz asentada en la justicia el amor a la libertad, la fortaleza y la caridad.
Los laicos, María y los inmigrantes
En Rosario, el Monumento Nacional a la Bandera fue el marco para que 120.000 personas participaran de la Santa Misa. La homilía del Santo Padre se refería a “La vocación y misión de los laicos en el mundo”. Habló de difundir el verdadero bien que es el amor y recordó la necesidad del laico en su compromiso apostólico. En la oportunidad recordó el encuentro ecuménico de Asis y solicitó que “sigáis siendo fieles a vuestra misión de apóstoles y testigos, participes en la única misión evangelizadora de la Iglesia”.En Corrientes una lluvia torrencial no fue obstáculo para que 70.000 estoicos fieles reunidos en la Avenida Independencia, se mantuvieran a pie firme. Con los clásicos sapucay (1) portadores de festiva alegría, como marco, Juan Pablo II se refirió a la “Religiosidad popular y piedad mariana”. Puntualizó que “nuestra religiosidad popular tan rica y arraigada muestra que, en lo más hondo de vuestra conciencia, se asienta la firme convicción de que nuestra vida sólo tiene sentido si se orienta completamente hacia Dios”. Destacó, también, el valor del amor a al Virgen y dirigió sus ruegos a Nuestra Señora de Itatí.
En el Aeropuerto de Paraná, ante 300.000 personas el Papa se dirigió a “El mundo de los inmigrantes” Destaco el valor y el sacrificio de quienes, por diversos motivos, abandonan su tierra en busca de paz, pan y libertad, y encontraron en la Argentina una tierra de promoción, de brazos abiertos, como reza la Constitución, hacia todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar vuestro suelo. Expresión que, para el caso, también valió para el Santo Padre. Pastor de buena voluntad en suelo patrio.
Manuel Abraides.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 páginas 18, 20, 22 y 24 .
Nota del Transcriptor: (1) Sapucay es un tipico grito de alegria / felicidad propio de la Provincia Argentina de Corrientes. Una especie de ¡Hurra! o ¡Viva! ancestral.
En comunion filial - Cardenal Raúl Primatesta
En comunión filial
Por Cardenal Raúl Primatesta (*)
(*) Extractos de sus palabras a Juan Pablo II en la reunión con el episcopado nacional.
Habéis recorrido nuestros caminos, visitando nuestras ciudades, llegando sencillamente al corazón del pueblo de cada región de nuestra Patria, con incansable y generosa entrega en toda circunstancia, aún en las más inclementes, por eso vuelven a la memoria con un cálido acento presente las palabras paternales y proféticas que nos escribisteis hace tiempo en un momento muy triste de nuestra vida argentina: “…mi pensamiento y afecto durante estos días tristes siempre con vosotros, amados hijos de Argentina. Es bien conocida mi predilección por vuestro país y por toda América latina…” (1). Como en aquel entonces y en momentos también de grave urgencia de testimonio de fe y conciencia cristiana. Argentina ha escuchado vuestra palabra sintiendo muy de cerca vuestro amor paternal y tanto en la alegría bulliciosa pero comprometida de los jóvenes, cuanto en la mirada atenta y esperanzada de los adultos, como en el cariño de los niños y el dolor de sus enfermos, expresa una misma y decidida voluntad de seguir vuestra enseñanza en el camino necesario de conversión a Dios amparándose bajo el manto de María. Si, también podemos decir: Argentina siempre fiel… “con paciencia y resistencia”, según vuestras mismas palabras, pero siempre con genuina sencillez y alegría”.“Frente a esta nueva sociedad coyuntural que se avecina y se va delineando cada día, la iglesia guiada por los obispos debe señalar en cada lugar el genuino camino del Evangelio en comunión con Pedro, y ante los signos y circunstancias de los tiempos. Una dolorosa experiencia nos va enseñando que no es fácil discernir los caminos concretos y que nuestras limitaciones son muchas. Más allá de la buena voluntad y rectitud evangélica con que hemos querido trabajar, tanto nuestra debilidad y pecados cuanto los ataques del demonio nos insidian por todas partes para insinuar la división o el disenso restando así eficacia a la Palabra que debe ser anunciada en la misión salvífica integral de la Iglesia, que vive la riqueza de la unidad en la variedad y pluriformidad, rechazando la pluralidad de posiciones subjetivas yuxtapuestas que atentan contra la identidad, como claro signo de Cristo para la salvación del mundo (cfr. Sínodo 85.11.C.2).
Por eso hoy nosotros los obispos de Argentina consientes de nuestras necesidades, pero reconociendo los grandes beneficios y gracias que Dios ha concedido a nuestra Patria, nos reunimos aquí justo a Vos, Beatísimo Padre, reafirmando nuestra invariable comunión y obediencia filial, dispuestos con sincero corazón a escuchar vuestras palabras y enseñanza, porque la antigua tradición de la Iglesia nos recuerda que Cristo habla por boca de Pedro.
Pero antes, como presidente de la Conferencia Episcopal y en nombre no sólo de mis hermanos los obispos sino que interpretando el sentir de todo el pueblo de la Patria, tanto el ineludible y sagrado deber de agradeceros la generosidad con que asumisteis la gravísima exigencia de la mediación por el diferendo de la zona austral, que culminó con el Tratado de Paz entre Argentina y Chile.
Es fácil deciros “Gracias”; una simple palabra, casi convencional en la circunstancia, pero es la sangre de nuestros jóvenes que hubiera sido derramada en lucha fratricida y que hoy anima sus corazones y alienta la vida de nuestras familias, la que os dice “gracias” por esa paz que nos disteis y que nos comprometemos a conservar para construir la civilización del Amor.
Bondadosamente habéis aceptado bendecir esta nueva Sede de la Conferencia Episcopal Argentina, que la generosidad de muchos ha posibilitado realizar y para los cuales imploramos abundancia de dones divinos.En ella capea la Cruz de la Evangelización de América latina marcando la triple vertiente de la misión a cumplir por la conversión a Dios, el anuncio del Evangelio y la reconciliación de los hermanos para salvar al mundo del Amor.
Esa Cruz nos recordará que por dos veces vino a nosotros el papa Juan Pablo, como Padre y Maestro, para afianzar nuestra fe, suavizar nuestros dolores, alentar nuestra esperanza y mostrarnos los caminos de la verdadera cultura en la Civilización de los hijos de Dios, que es AMOR.
Beatísimo Padre: en nombre de los obispos y sus comunidades, en nombre de los hombres y mujeres de buena voluntad en la Patria, sencillamente: Gracias porque siempre estáis con nosotros. Gracias porque vinisteis, y que María de Luján ilumine vuestro camino.
Notas
(1) Carta a la Nación Argentina fechada el 25 de mayo de 1982.
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 16.
Con gozo y esperanza - Palabras del Cardenal Juan Carlos Aramburu
Con gozo y esperanza
Por Cardenal Juan Carlos Aramburu (*)
(*) Los textos, anteriores, son párrafos extractados de diferentes opiniones del cardenal Juan Carlos Aramburu, durante la visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina durante abril de 1987
Viene el Papa. Como arzobispo de Buenos Aires, los exhorto a unirnos en la oración, la reparación y la caridad fraterna… …a fin de disponernos a vivir plenamente este magno acontecimiento, que dejará en nuestra patria Reales y fecundos frutos de especial renovación en la gran familia argentina.
La figura y la personalidad de Juan pablo II están más allá de las vicisitudes políticas o socio económicas que puedan rodearnos.
Los argentinos somos ciertamente deudores (del Papa), cuando en ocasión del conflicto del Beagle, y ante el peligro de una guerra inminente de consecuencias imprevisibles.
El papa viene a impregnar del buen olor de Cristo nuestra patria, nuestra sociedad y, sobre todo, nuestras mentes y corazones, porque quiere que le abramos las puertas a Cristo. (1)
Los aquí presentes constituyen las fuerzas de vanguardia, de nuestras Iglesia particulares que con profunda fe y amor, hoy vibran de gozo por participar de esta Eucaristía, y escuchar la palabra de su actual Padre supremo en la tierra. Nuestros comprometidos agentes de pastoral sienten que la misión evangelizadora exige al bautizado vivir y actuar en plena comunión con la iglesia presidida y conducida, como centro y fundamento de unidad, por el Romano Pontífice aquí presente en vuestra persona. (2)
Hoy este continente manifiestamente nos presenta el maravilloso espectáculo del gran misterio de la Iglesia… …Y hoy después de cinco siglos de evangelización, nuestra patria argentina, como este continente, se presenta cristiano, mariano y muy unido a su cabeza, el Romano Pontífice, centro de unidad aquí presente en vuestra persona. Ahora vos, Santísimo Padre, venís a concretar, una vez más, lo que Jesucristo decía: “es preciso que anuncie también el Reino de Dios en otras ciudades”.
Os hemos esperado con gran ilusión y gozo filiar, y preparados para escuchar, con viva voz, vuestra orientación doctrinal y moral, que constituirá, para nosotros, un sagrado legado que impulsará a intensificar los diversos caminos de evangelización.
Abrigamos fundamentalmente la esperanza de que… …vuestra acción y palabra, animada por el Espíritu Santo, llegue a los diversos ambientes del país, y pueda así lograr plasmar un ritmo más intenso hacia una renovación, desde dentro, que transforme la conciencia tanto de personas como de nuestro conjunto social.
Santísimo Padre: no puedo silenciar el significativo valor de vuestra paternal mediación, realizada con esfuerzos y singular paciencia durante más de cinco años, por haber intervenido para recomponer una paz resentida, desde un siglo atrás en el Canal de Beagle, entre la Argentina y Chile. Tuvo la trascendente posibilidad de encontrar entre las naciones, caminos de intercambio, de diálogo y de mutuos renunciamientos para dar soluciones pacíficas y definitivas a conflictos internacionales.
Este laborioso gesto mediador ha creado una grande y singular deuda de gratitud de todos los argentinos. Vuestra augusta persona ha merecido bien de nuestra patria, y ha entrado profundamente en los muy gratos sentimientos del corazón argentino. (3)
Notas
(1) Distintos párrafos de la edición Nº 1.406 de la Revista Esquiú).
(2) Misa a los agentes de pastoral en Vélez Sárfield
(3) Saludo en la Catedral de Buenos Aires
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 página 14.
Reportaje a Juan Pablo II
Las respuestas del Santo Padre a los grandes temas del catolicismo argentino (*).
Por: Luis Eduardo Luchía-Puig
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 páginas 8 a 12.
ESQUIÚ: -Santo Padre, es la segunda vez que pisa suelo argentino. ¿Podría definir el sentido de su presencia entre nosotros?
Juan Pablo II: -Vine aquí por primera vez en junio de 1982, en momentos particularmente difíciles para vuestra nación, como mensajero de la paz de Cristo. Vuelvo ahora de nuevo en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión, que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como Sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos.
ESQUIÚ: - ¿Qué le ha parecido la recepción del pueblo argentino?
Juan Pablo II: -En el camino de venida hacia aquí, he podido comprobar el fervor y el entusiasmo de este gran pueblo argentino. Ciertamente, si mantenéis tal afecto hacia el Papa, no es tanto por mi persona, cuanto por nuestro Señor Jesucristo que, en sus divinos designios, me ha elegido como pastor universal de la Iglesia.
Espero muchos frutos de esta peregrinación apostólica. Frutos de renovación espiritual, de fidelidad a la Iglesia, de servicio a los hermanos. Ya desde ahora os exhorto, queridos fieles de toda la Argentina, a reavivar en vosotros “la fe que actúa por la caridad”.
ESQUIÚ: -Además de los motivos pastorales, este viaje tiene una justificación especial: celebrar entre nosotros el triunfo de la paz.
Juan Pablo II: -Vengo esta vez en tiempos de paz, con el deseo de conmemorar la feliz conclusión de la Mediación Papal entre los pueblos hermanos de Argentina y Chile en el diferendo sobre la zona austral.
Ambos países han demostrado ante el mundo que, sobre la base de sus comunes raíces históricas, culturales y cristianas, y merced a la voluntad de concordia de sus gobernantes e instituciones, es posible construir una paz honrosa, sólida y justa. Mi presencia, ahora, en el Cono Sur del Continente americano mira también a consolidar ulteriormente los lazos de la fraternidad entre los pueblos que componen la gran familia latinoamericana.
ESQUIÚ: -¿Qué les dijo a las autoridades y a los políticos reunidos para escucharle en la Casa Rosada?
Juan Pablo II: -Ante quienes rigen los destinos del país y están dedicados de lleno a la actividad política, judicial y administrativa, quisiera atestiguar que la Iglesia tiene en gran aprecio tan importante tarea.
Es un arte difícil y nobilísimo. Esta dignidad del quehacer político se pone de relieve por sí sola; basta considerar su finalidad propia, esto es, servir al hombre y a la comunidad, y promover sin cesar sus derechos y legítimas aspiraciones. De aquí se sigue la preeminencia de los valores morales y de la dimensión ética, que ha de ser salvaguardada, no obstante las contingencias del obrar humano o de los intereses contrapuestos.
ESQUIÚ: -¿Y respecto al deber del Estado de velar por la moralidad pública?
Juan Pablo II: -Dentro de ese amplio marco de condiciones que configuran el bien común de la sociedad civil, corresponde ciertamente al Estado prestar una particular atención a la moralidad pública, a través de oportunas disposiciones legislativas, administrativas y judiciales, que aseguren un ambiente social de respeto de las normas éticas, sin las cuales es imposible una digna convivencia humana. Es ésta una tarea particularmente urgente en la sociedad contemporánea, ya que se ve afectada en lo vivo por una grave crisis de valores que repercute negativamente en amplios sectores de la vida personal y de la misma sociedad.
ESQUIÚ: -¿Hizo un llamado a la participación en la vida pública?
Juan Pablo II: -El pleno restablecimiento de las instituciones democráticas constituye un momento privilegiado para que los argentinos sean cada vez más consientes de que todos están llamados a participar responsablemente en la vida pública, cada uno desde su propio puesto. Ejerciendo sus derechos y cumpliendo sus deberes cívicos, contribuirán decisivamente al bien común del país. ¡Ojalá se alcance de este modo un renovado sentido de la fraternidad social como corresponde a miembros vivos de esta gran comunidad que es la patria argentina!
En estos momentos de especial relevancia para el futuro del país, tenéis suficientes motivos que inducen a mirar al porvenir con esperanza: tenéis la pujanza de una nación joven, que, ha acumulado múltiples y ricas experiencias históricas.
ESQUIÚ: -¿Cuáles son las claves para promover la paz?
Juan Pablo II: -El clima de paz verdadera entre las naciones no consiste en la simple ausencia de enfrentamientos bélicos, sino en una voluntad consciente y efectiva de buscar el bien de todos los pueblos, de manera que cada Estado, al definir su política exterior piense sobre todo en una contribución específica al bien común internacional. Por esta razón, con motivo de la Jornada Mundial de la Paz del presente año, he propuesto el lema. “Desarrollo y solidaridad dos claves para la paz”.
Los viejos egoísmos nacionales o regionales y el subdesarrollo económico o cultural, representan en verdad dos grandes amenazas para la paz, estrechamente relacionadas entre sí. Ambas solo pueden ser combatidas y superadas a la vez, de modo que el desarrollo se transforme en oferta fraternalmente solidaria.
ESQUIÚ: -¿De qué modo la deuda externa pone en peligro la convivencia pacífica?
Juan Pablo II: -La Comisión Pontificia Iustitia et Pax, en un documento reciente, ha llamado la atención de la comunidad internacional sobre un problema que refleja la urgencia y, al mismo tiempo, la radicalidad de esas amenazas a la paz: la deuda exterior de muchos países en desarrollo. Es necesario un enjuiciamiento ético del endeudamiento internacional, que proponga de relieve las responsabilidades de todas las partes y la profunda interdependencia mundial del progreso de la humanidad. Si no se logra alcanzar un desarrollo armonioso y adecuado para todas las naciones, solidariamente compartido, no se podrán sentar las bases de una paz sólida y duradera.
Celo Evangelizador
ESQUIÚ: -¿Cómo evangelizar a quienes todavía no conocen a Cristo o tienen una imagen deformada de su Iglesia?
Juan Pablo II: -El verdadero celo evangelizador se compadece sobre todo de la situación de necesidad espiritual –a veces extrema- en la que se debaten tantos hombres y mujeres. Pensad en cuántos todavía no conocen a Cristo, o bien tienen una imagen deformada de él, o han abandonado su seguimiento, buscando el propio bienestar en los atractivos de la sociedad secularizada o a través del odioso enfrentamiento de las luchas ideológicas.
Ante esa pobreza del espíritu, el cristiano no puede permanecer pasivo ha de orar, dar testimonio de su fe en todo momento, y hablar de Cristo, su gran amor, con valentía y caridad. Y debe procurar que esos hermanos se acerquen o retornen al Señor y a su cuerpo místico, que es la Iglesia, mediante una profunda y gozosa conversión de sus vidas, que dé sentido y valor de eternidad a todo su caminar terreno.
ESQUIÚ: -¿Qué hacer para combatir la ignorancia religiosa?
Juan Pablo II: -La identidad cristiana exige el esfuerzo constante por formarse cada vez mejor, pues la ignorancia es el peor enemigo de nuestra fe.. ¿Quién podrá decir que ama de verdad a Cristo, si no pone empeño por conocerlo mejor? Amados hermanos, no abandonéis la lectura asidua de la Sagrada Escritura, profundizad constantemente en las verdades de nuestra fe, acudid con ilusión a la catequesis que, si es imprescindible para los más jóvenes, no es menos necesaria para los mayores. ¿Cómo podréis transmitir la Palabra de Dios si vosotros mismos no la conocéis de un modo profundo y vivaz?
¡Formación y espiritualidad! Un binomio inseparable para quien aspire a conducir una vida cristiana verdaderamente comprometida en la edificación y en la construcción de una sociedad más justa y fraterna.
ESQUIÚ: -¿Cómo lograr la solución de los conflictos?
Juan Pablo II: -La conflictiva situación en ciertas zonas de América latina, se presta a la demagogia , al alegato estéril, a la recriminación mutua, y a otras actividades que no siempre redundan en soluciones positivas. Urge encontrar la vía para esas soluciones que operen la reconciliación entre las partes enfrentadas, por medio de la tolerancia, el espíritu de diálogo y de entendimiento, en el marco de un sano pluralismo. Con estos mismos propósitos habéis de fomentar en vosotros y en quienes os rodean una verdadera voluntad de auténtica paz, inspirada en los principios cristianos, que no transigen con los abusos o las injusticias, sin jamás optar por la confrontación o la violencia como vía de solución a los conflictos.
ESQUIÚ: -¿Qué papel le corresponde a la familia en el mantenimiento de la paz?
Juan Pablo II: -En esta transformación de la sociedad, la familia tiene un papel de primer orden. ¿Cómo podría existir paz en una nación, donde las familias estuviesen divididas, y no fuesen capaces de superar los conflictos en esa célula básica de toda convivencia, donde se aceptase la desintegración del matrimonio?
ESQUIÚ: -¿Cuál debe ser nuestra actitud frente al mundo del dolor?
Juan Pablo II: -Una verdadera comunidad cristiana nunca abandona a los más necesitados y a los más débiles, sino que les brinda un cuidado prioritario. En el espíritu de vuestro pueblo, hay sentimientos de nobleza y solidaridad, arraigados en vuestra fe cristiana continuad trabajando intensamente para que estos sentimientos se conserven y renueven.
Sé que, como fruto de una iniciativa nacida en la ciudad de Córdoba, se creó el primer servicio sacerdotal de urgencia. A través de él, cada noche, sacerdotes y laicos en vigilante espera, se movilizan para atender al llamado de Cristo a través de sus enfermos.
ESQUIÚ: -¿Y frente a los ataques al matrimonio y la familia?
Juan Pablo II: -No faltan signos de preocupante degradación respecto a algunos valores fundamentales del matrimonio y de la familia. “En la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta”
No existe auténtica libertad cuando ésta se contrapone al amor y a sus exigencias; que no existe verdadero respeto por las personas, si se contradice el designio divino sobre los hombres.
ESQUIÚ: -¿La difusión del divorcio acarrea la disolución de la moralidad pública?
Juan Pablo II: -Hay quienes se atreven a negar; e incluso a ridiculizar, la idea de un compromiso fiel para toda la vida. Esas personas –podéis estar bien seguros desgraciadamente no saben lo que es amar, quien no se decide a querer para siempre, es difícil que pueda amar de veras un solo día. El amor verdadero –a semejanza de Cristo- supone plena donación, no egoísmo; busca siempre el bien del amado, no la propia satisfacción egoísta.
No admitir que el amor conyugal puede y exige durar hasta la muerte, supone negar la capacidad de auto donación plena y definitiva; equivale a negar lo más profundamente humano: la libertad y la espiritualidad. Pero desconocer esas realidades humanas significa contribuir a socavar los fundamentos de la solidaridad; ¿por qué, en esta hipótesis, se podría continuar exigiendo al hombre la lealtad a la patria, a los compromisos laborales, al cumplimiento de leyes y contratos? Nada tiene de extraño que la difusión del divorcio en una sociedad vaya acompañada de una disminución de la moralidad pública en todos los sectores.
ESQUIÚ: -Nuestro país ha sido un punto convergente para inmigrantes de todo el mundo. ¿Cuál es el pensamiento de la Iglesia sobre el tema?
Juan Pablo II: -Un país abierto a la inmigración es un país hospitalario y generoso, que se mantiene siempre joven porque, sin perder su identidad, es capaz de renovarse al acoger sucesivas migraciones. Esa renovación en la tradición es precisamente señal de vigor, de lozanía y de un futuro prometedor. La Argentina no ha sido así solamente en el pasado, lo es todavía, y siempre lo debe ser.
ESQUIÚ: -Santo Padre, Usted que ha trabajado como obrero, ¿cuál es su mensaje al mundo laboral?
Juan Pablo II: -Alguna vez he dicho que aquellos años como obrero, en la cantera de una empresa química, fueron para mi una nueva lección sobre el Evangelio. Es verdad, porque en aquel ambiente, en aquella época de esfuerzo laboral, me fue dado comprobar la profunda relación de solidaridad existente entre el Evangelio y la problemática de la actividad humana en nuestros tiempos. No es una nueva constatación teórica, es una gozosa realidad humana y cristiana que la Iglesia, ya en el umbral del tercer Milenio, tiene la grave responsabilidad de difundir, para que sea conocida y vivida por los hombres y mujeres del mundo laboral. En ese día os animo a que cada uno, cada una, hagáis “el esfuerzo interior del espíritu, con el fin de dar a vuestra labor el significado que tiene a los ojos de Dios”.
Es cierto que el mundo laboral presenta graves motivos de preocupación. Los conozco bien. Pero no es menos cierto que tales motivos no deben llevaros al derrotismo, a la pasividad, a la falta de esperanza. Nuestra fe católica nos da motivos suficientes para no desesperar jamás, por difícil y dura que pueda parecer cualquier situación.
ESQUIÚ: -¿Cuál es el papel del laicado en la nueva evangelización?
Juan Pablo II: -El camino propio de su actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la política, de la vida social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias, de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación social, así como otras realidades abiertas a la evangelización, como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento…
A ello os invitan además, de manera apremiante, las necesidades de los tiempos recios que vivimos y os impulsa la acción fecunda e incesante del Espíritu Santo. En efecto, tenéis ante vosotros evidentes muestras de difusión del secularismo que pretende invadirlo todo, a la vez, estáis percibiendo con señales muy claras la creciente hambre de Dios, que sienten en sus entrañas el hombre moderno, sobre todo la generación joven. Desafortunadamente nos siguen azotando los vientos de la violencia, del terrorismo, de la guerra, pero gracias a Dios se va reforzando mas y mas el ansia universal de paz, como lo ha demostrado el encuentro de oración en Asís, hace pocos meses. En medio de esas realidades contrastantes, yo os pido con amor y confianza que sigáis siendo fieles a vuestra misión de apóstoles y testigos, partícipes en la única misión evangelizadora de la Iglesia.
ESQUIÚ: -¿Cuál es la responsabilidad de los empresarios en la construcción de una sociedad más justa y solidaria?
Juan Pablo II: -Dirigiéndome en una ocasión a hombres y mujeres dedicados a los negocios, a la empresa, a la banca, al comercio, les hacía notar que “el grado de bienestar del que goza hoy la sociedad, sería imposible sin la figura dinámica del empresario, cuya función consiste en organizar el trabajo humano y los medios de producción para dar origen a los bienes y servicios.
De este modo, la empresa no solo acrecienta la riqueza material y es la gran promotora del desarrollo socioeconómico, sino que también es causa de progreso personal que permite crear condiciones de vida más humana.
Por consiguiente, las ganancias no tienen como único objetivo el incremento de capital, sino que han de destinarse también, con sentido social, a la mejora del salario, a los servicios sociales, a la capacitación técnica, a la investigación y a la promoción cultural, por el sendero de la justicia distributiva.
Una empresa respetuosa de estas finalidades sociales exige, evidentemente, un modelo de empresario profundamente humano, consciente de sus deberes, honesto, competente e imbuido de un hondo sentido social que lo haga capaz de rechazar la inclinación hacia el egoísmo, para preferir más la riqueza del amor que el amor a la riqueza.
ESQUIÚ: -Es conocida la preferencia del Papa por los jóvenes y de estos por el Santo Padre. ¿Qué papel les reserva la Iglesia?
Juan Pablo II: -A vosotros, jóvenes latinoamericanos, quiero recordaros que sois –a la sombra de la cruz de Cristo- protagonistas de una doble esperanza por vuestra juventud, esperanza de la Iglesia, y por ser de Latinoamérica, continente de la esperanza. Y todo ello os confiere una particular responsabilidad, ante la iglesia y ante toda la humanidad. ¡Espero mucho de vosotros!
ESQUIÚ: -¿Cuál es el problema de la humanidad que más le preocupa?
Juan Pablo II: -Me habéis preguntado cuál es el problema de la humanidad que más me preocupa. Precisamente este: pensar en los hombres que aún no conocen a Cristo, que no han descubierto la gran verdad del amor de Dios. Ver una humanidad que se aleja del Señor, que quiere crecer al margen de Dios o incluso negando su existencia. Una humanidad sin Padre y por consiguiente, sin amor, huérfana y desorientada, capaz de seguir matando a los hombres, que ya no considera como hermanos, y así preparar su propia autodestrucción y aniquilamiento. Por eso, mis queridos jóvenes, quiero de nuevo comprometeros hoy a ser apóstoles de una nueva evangelización para construir la civilización del amor
ESQUIÚ: -¿Cuál es su mensaje al mundo argentino de la cultura?
Juan Pablo II: -Vuestro país se precia justamente de un rico patrimonio cultural, que puede enorgullecerse de tener tras de si una amplia y variada tradición en las artes figurativas, en la música, en la literatura y una no menor pujanza en las investigaciones científicas. Me complace recordar además algo que es bien conocido por vosotros. La cultura ostenta en América latina, desde sus orígenes, una honda raigambre cristiana, que aquí, en Argentina, ha asumido una peculiar polivalencia, propiciada por el encuentro de razas y pueblos, especialmente europeos. Y a todo esto se unen el empuje y el vigor propios de una Nación joven y creadora.
Sembrad, con la cultura, gérmenes de humanidad, gérmenes que crezcan, se desarrollen y hagan robustecer a las nuevas generaciones. Trabajad con un sentido de trascendencia, porque Dios es la Suma Verdad, la Suma Belleza, el Sumo Bien y con la labor científica y artística, se puede dar gloria al creador y preparar así el encuentro con Dios Salvador.
(*)Aclaración al lector
La idea de este reportaje nació en el vuelo de regreso. Habíamos acompañado como periodistas cada una de las instancias de la misión apostólica que, durante catorce extenuantes días, realizó el Santo Padre por Uruguay, Chile y la Argentina. Pensaba esto cuando faltaban apenas dos horas para aterrizar en el aeropuerto de Roma, el director de Prensa de la Santa Sede –Joaquín Navarro Vals- nos convocó a una improvisada conferencia de prensa con el Papa. Por especial deferencia a los periodistas de los países visitados, tendríamos prioridad para formular preguntas.
Lo estrecho del lugar –la nariz del jumbo de Aerolíneas donde estaban, entre otros miembros del séquito papal, el cardenal Casaroli, monseñor Jorge Mejía y Leonardo Sandri- no facilitó la misión periodística. Entre forcejeos de los camarógrafos de TV y los flashes de reporteros gráficos, solo unas pocas preguntas tuvieron el privilegio de la respuesta del Pontífice.
¿Por qué circunscribir la temática del reportaje a las inquietudes que el Santo Padre pudiera respondernos en ese momento?
Yo había sido, como periodista, un privilegiado testigo de la fecunda siembra realizada por el Santo Padre a través de cincuenta y cuatro mensajes de inapreciable contenido. Con las notas y apuntes tomados en cada oportunidad, me he permitido ofrecer, en forma de entrevista, el riquísimo contenido doctrinal que nos ofreciera en la Argentina. Las preguntas, formuladas para adecuar la presentación del trabajo al estilo más ágil del reportaje, son de mi responsabilidad, así como la necesaria selección de las reflexiones que reproducen, eso si, con exactitud al pensamiento expuesto por el Vicario de Cristo.
Por: Luis Eduardo Luchía-Puig
Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 páginas 8 a 12.
ESQUIÚ: -Santo Padre, es la segunda vez que pisa suelo argentino. ¿Podría definir el sentido de su presencia entre nosotros?Juan Pablo II: -Vine aquí por primera vez en junio de 1982, en momentos particularmente difíciles para vuestra nación, como mensajero de la paz de Cristo. Vuelvo ahora de nuevo en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión, que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como Sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos.
ESQUIÚ: - ¿Qué le ha parecido la recepción del pueblo argentino?
Juan Pablo II: -En el camino de venida hacia aquí, he podido comprobar el fervor y el entusiasmo de este gran pueblo argentino. Ciertamente, si mantenéis tal afecto hacia el Papa, no es tanto por mi persona, cuanto por nuestro Señor Jesucristo que, en sus divinos designios, me ha elegido como pastor universal de la Iglesia.
Espero muchos frutos de esta peregrinación apostólica. Frutos de renovación espiritual, de fidelidad a la Iglesia, de servicio a los hermanos. Ya desde ahora os exhorto, queridos fieles de toda la Argentina, a reavivar en vosotros “la fe que actúa por la caridad”.
ESQUIÚ: -Además de los motivos pastorales, este viaje tiene una justificación especial: celebrar entre nosotros el triunfo de la paz.
Juan Pablo II: -Vengo esta vez en tiempos de paz, con el deseo de conmemorar la feliz conclusión de la Mediación Papal entre los pueblos hermanos de Argentina y Chile en el diferendo sobre la zona austral.
Ambos países han demostrado ante el mundo que, sobre la base de sus comunes raíces históricas, culturales y cristianas, y merced a la voluntad de concordia de sus gobernantes e instituciones, es posible construir una paz honrosa, sólida y justa. Mi presencia, ahora, en el Cono Sur del Continente americano mira también a consolidar ulteriormente los lazos de la fraternidad entre los pueblos que componen la gran familia latinoamericana.
ESQUIÚ: -¿Qué les dijo a las autoridades y a los políticos reunidos para escucharle en la Casa Rosada?
Juan Pablo II: -Ante quienes rigen los destinos del país y están dedicados de lleno a la actividad política, judicial y administrativa, quisiera atestiguar que la Iglesia tiene en gran aprecio tan importante tarea.
Es un arte difícil y nobilísimo. Esta dignidad del quehacer político se pone de relieve por sí sola; basta considerar su finalidad propia, esto es, servir al hombre y a la comunidad, y promover sin cesar sus derechos y legítimas aspiraciones. De aquí se sigue la preeminencia de los valores morales y de la dimensión ética, que ha de ser salvaguardada, no obstante las contingencias del obrar humano o de los intereses contrapuestos.
ESQUIÚ: -¿Y respecto al deber del Estado de velar por la moralidad pública?
Juan Pablo II: -Dentro de ese amplio marco de condiciones que configuran el bien común de la sociedad civil, corresponde ciertamente al Estado prestar una particular atención a la moralidad pública, a través de oportunas disposiciones legislativas, administrativas y judiciales, que aseguren un ambiente social de respeto de las normas éticas, sin las cuales es imposible una digna convivencia humana. Es ésta una tarea particularmente urgente en la sociedad contemporánea, ya que se ve afectada en lo vivo por una grave crisis de valores que repercute negativamente en amplios sectores de la vida personal y de la misma sociedad.
ESQUIÚ: -¿Hizo un llamado a la participación en la vida pública?
Juan Pablo II: -El pleno restablecimiento de las instituciones democráticas constituye un momento privilegiado para que los argentinos sean cada vez más consientes de que todos están llamados a participar responsablemente en la vida pública, cada uno desde su propio puesto. Ejerciendo sus derechos y cumpliendo sus deberes cívicos, contribuirán decisivamente al bien común del país. ¡Ojalá se alcance de este modo un renovado sentido de la fraternidad social como corresponde a miembros vivos de esta gran comunidad que es la patria argentina!
En estos momentos de especial relevancia para el futuro del país, tenéis suficientes motivos que inducen a mirar al porvenir con esperanza: tenéis la pujanza de una nación joven, que, ha acumulado múltiples y ricas experiencias históricas.
ESQUIÚ: -¿Cuáles son las claves para promover la paz?
Juan Pablo II: -El clima de paz verdadera entre las naciones no consiste en la simple ausencia de enfrentamientos bélicos, sino en una voluntad consciente y efectiva de buscar el bien de todos los pueblos, de manera que cada Estado, al definir su política exterior piense sobre todo en una contribución específica al bien común internacional. Por esta razón, con motivo de la Jornada Mundial de la Paz del presente año, he propuesto el lema. “Desarrollo y solidaridad dos claves para la paz”.
Los viejos egoísmos nacionales o regionales y el subdesarrollo económico o cultural, representan en verdad dos grandes amenazas para la paz, estrechamente relacionadas entre sí. Ambas solo pueden ser combatidas y superadas a la vez, de modo que el desarrollo se transforme en oferta fraternalmente solidaria.
ESQUIÚ: -¿De qué modo la deuda externa pone en peligro la convivencia pacífica?
Juan Pablo II: -La Comisión Pontificia Iustitia et Pax, en un documento reciente, ha llamado la atención de la comunidad internacional sobre un problema que refleja la urgencia y, al mismo tiempo, la radicalidad de esas amenazas a la paz: la deuda exterior de muchos países en desarrollo. Es necesario un enjuiciamiento ético del endeudamiento internacional, que proponga de relieve las responsabilidades de todas las partes y la profunda interdependencia mundial del progreso de la humanidad. Si no se logra alcanzar un desarrollo armonioso y adecuado para todas las naciones, solidariamente compartido, no se podrán sentar las bases de una paz sólida y duradera.
Celo Evangelizador
ESQUIÚ: -¿Cómo evangelizar a quienes todavía no conocen a Cristo o tienen una imagen deformada de su Iglesia?
Juan Pablo II: -El verdadero celo evangelizador se compadece sobre todo de la situación de necesidad espiritual –a veces extrema- en la que se debaten tantos hombres y mujeres. Pensad en cuántos todavía no conocen a Cristo, o bien tienen una imagen deformada de él, o han abandonado su seguimiento, buscando el propio bienestar en los atractivos de la sociedad secularizada o a través del odioso enfrentamiento de las luchas ideológicas.
Ante esa pobreza del espíritu, el cristiano no puede permanecer pasivo ha de orar, dar testimonio de su fe en todo momento, y hablar de Cristo, su gran amor, con valentía y caridad. Y debe procurar que esos hermanos se acerquen o retornen al Señor y a su cuerpo místico, que es la Iglesia, mediante una profunda y gozosa conversión de sus vidas, que dé sentido y valor de eternidad a todo su caminar terreno.
ESQUIÚ: -¿Qué hacer para combatir la ignorancia religiosa?
Juan Pablo II: -La identidad cristiana exige el esfuerzo constante por formarse cada vez mejor, pues la ignorancia es el peor enemigo de nuestra fe.. ¿Quién podrá decir que ama de verdad a Cristo, si no pone empeño por conocerlo mejor? Amados hermanos, no abandonéis la lectura asidua de la Sagrada Escritura, profundizad constantemente en las verdades de nuestra fe, acudid con ilusión a la catequesis que, si es imprescindible para los más jóvenes, no es menos necesaria para los mayores. ¿Cómo podréis transmitir la Palabra de Dios si vosotros mismos no la conocéis de un modo profundo y vivaz?
¡Formación y espiritualidad! Un binomio inseparable para quien aspire a conducir una vida cristiana verdaderamente comprometida en la edificación y en la construcción de una sociedad más justa y fraterna.
ESQUIÚ: -¿Cómo lograr la solución de los conflictos?
Juan Pablo II: -La conflictiva situación en ciertas zonas de América latina, se presta a la demagogia , al alegato estéril, a la recriminación mutua, y a otras actividades que no siempre redundan en soluciones positivas. Urge encontrar la vía para esas soluciones que operen la reconciliación entre las partes enfrentadas, por medio de la tolerancia, el espíritu de diálogo y de entendimiento, en el marco de un sano pluralismo. Con estos mismos propósitos habéis de fomentar en vosotros y en quienes os rodean una verdadera voluntad de auténtica paz, inspirada en los principios cristianos, que no transigen con los abusos o las injusticias, sin jamás optar por la confrontación o la violencia como vía de solución a los conflictos.
ESQUIÚ: -¿Qué papel le corresponde a la familia en el mantenimiento de la paz?
Juan Pablo II: -En esta transformación de la sociedad, la familia tiene un papel de primer orden. ¿Cómo podría existir paz en una nación, donde las familias estuviesen divididas, y no fuesen capaces de superar los conflictos en esa célula básica de toda convivencia, donde se aceptase la desintegración del matrimonio?
ESQUIÚ: -¿Cuál debe ser nuestra actitud frente al mundo del dolor?Juan Pablo II: -Una verdadera comunidad cristiana nunca abandona a los más necesitados y a los más débiles, sino que les brinda un cuidado prioritario. En el espíritu de vuestro pueblo, hay sentimientos de nobleza y solidaridad, arraigados en vuestra fe cristiana continuad trabajando intensamente para que estos sentimientos se conserven y renueven.
Sé que, como fruto de una iniciativa nacida en la ciudad de Córdoba, se creó el primer servicio sacerdotal de urgencia. A través de él, cada noche, sacerdotes y laicos en vigilante espera, se movilizan para atender al llamado de Cristo a través de sus enfermos.
ESQUIÚ: -¿Y frente a los ataques al matrimonio y la familia?
Juan Pablo II: -No faltan signos de preocupante degradación respecto a algunos valores fundamentales del matrimonio y de la familia. “En la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta”
No existe auténtica libertad cuando ésta se contrapone al amor y a sus exigencias; que no existe verdadero respeto por las personas, si se contradice el designio divino sobre los hombres.
ESQUIÚ: -¿La difusión del divorcio acarrea la disolución de la moralidad pública?
Juan Pablo II: -Hay quienes se atreven a negar; e incluso a ridiculizar, la idea de un compromiso fiel para toda la vida. Esas personas –podéis estar bien seguros desgraciadamente no saben lo que es amar, quien no se decide a querer para siempre, es difícil que pueda amar de veras un solo día. El amor verdadero –a semejanza de Cristo- supone plena donación, no egoísmo; busca siempre el bien del amado, no la propia satisfacción egoísta.
No admitir que el amor conyugal puede y exige durar hasta la muerte, supone negar la capacidad de auto donación plena y definitiva; equivale a negar lo más profundamente humano: la libertad y la espiritualidad. Pero desconocer esas realidades humanas significa contribuir a socavar los fundamentos de la solidaridad; ¿por qué, en esta hipótesis, se podría continuar exigiendo al hombre la lealtad a la patria, a los compromisos laborales, al cumplimiento de leyes y contratos? Nada tiene de extraño que la difusión del divorcio en una sociedad vaya acompañada de una disminución de la moralidad pública en todos los sectores.
ESQUIÚ: -Nuestro país ha sido un punto convergente para inmigrantes de todo el mundo. ¿Cuál es el pensamiento de la Iglesia sobre el tema?
Juan Pablo II: -Un país abierto a la inmigración es un país hospitalario y generoso, que se mantiene siempre joven porque, sin perder su identidad, es capaz de renovarse al acoger sucesivas migraciones. Esa renovación en la tradición es precisamente señal de vigor, de lozanía y de un futuro prometedor. La Argentina no ha sido así solamente en el pasado, lo es todavía, y siempre lo debe ser.
ESQUIÚ: -Santo Padre, Usted que ha trabajado como obrero, ¿cuál es su mensaje al mundo laboral?
Juan Pablo II: -Alguna vez he dicho que aquellos años como obrero, en la cantera de una empresa química, fueron para mi una nueva lección sobre el Evangelio. Es verdad, porque en aquel ambiente, en aquella época de esfuerzo laboral, me fue dado comprobar la profunda relación de solidaridad existente entre el Evangelio y la problemática de la actividad humana en nuestros tiempos. No es una nueva constatación teórica, es una gozosa realidad humana y cristiana que la Iglesia, ya en el umbral del tercer Milenio, tiene la grave responsabilidad de difundir, para que sea conocida y vivida por los hombres y mujeres del mundo laboral. En ese día os animo a que cada uno, cada una, hagáis “el esfuerzo interior del espíritu, con el fin de dar a vuestra labor el significado que tiene a los ojos de Dios”.
Es cierto que el mundo laboral presenta graves motivos de preocupación. Los conozco bien. Pero no es menos cierto que tales motivos no deben llevaros al derrotismo, a la pasividad, a la falta de esperanza. Nuestra fe católica nos da motivos suficientes para no desesperar jamás, por difícil y dura que pueda parecer cualquier situación.
ESQUIÚ: -¿Cuál es el papel del laicado en la nueva evangelización?
Juan Pablo II: -El camino propio de su actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la política, de la vida social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias, de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación social, así como otras realidades abiertas a la evangelización, como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento…
A ello os invitan además, de manera apremiante, las necesidades de los tiempos recios que vivimos y os impulsa la acción fecunda e incesante del Espíritu Santo. En efecto, tenéis ante vosotros evidentes muestras de difusión del secularismo que pretende invadirlo todo, a la vez, estáis percibiendo con señales muy claras la creciente hambre de Dios, que sienten en sus entrañas el hombre moderno, sobre todo la generación joven. Desafortunadamente nos siguen azotando los vientos de la violencia, del terrorismo, de la guerra, pero gracias a Dios se va reforzando mas y mas el ansia universal de paz, como lo ha demostrado el encuentro de oración en Asís, hace pocos meses. En medio de esas realidades contrastantes, yo os pido con amor y confianza que sigáis siendo fieles a vuestra misión de apóstoles y testigos, partícipes en la única misión evangelizadora de la Iglesia.
ESQUIÚ: -¿Cuál es la responsabilidad de los empresarios en la construcción de una sociedad más justa y solidaria?
Juan Pablo II: -Dirigiéndome en una ocasión a hombres y mujeres dedicados a los negocios, a la empresa, a la banca, al comercio, les hacía notar que “el grado de bienestar del que goza hoy la sociedad, sería imposible sin la figura dinámica del empresario, cuya función consiste en organizar el trabajo humano y los medios de producción para dar origen a los bienes y servicios.
De este modo, la empresa no solo acrecienta la riqueza material y es la gran promotora del desarrollo socioeconómico, sino que también es causa de progreso personal que permite crear condiciones de vida más humana.
Por consiguiente, las ganancias no tienen como único objetivo el incremento de capital, sino que han de destinarse también, con sentido social, a la mejora del salario, a los servicios sociales, a la capacitación técnica, a la investigación y a la promoción cultural, por el sendero de la justicia distributiva.
Una empresa respetuosa de estas finalidades sociales exige, evidentemente, un modelo de empresario profundamente humano, consciente de sus deberes, honesto, competente e imbuido de un hondo sentido social que lo haga capaz de rechazar la inclinación hacia el egoísmo, para preferir más la riqueza del amor que el amor a la riqueza.
ESQUIÚ: -Es conocida la preferencia del Papa por los jóvenes y de estos por el Santo Padre. ¿Qué papel les reserva la Iglesia?
Juan Pablo II: -A vosotros, jóvenes latinoamericanos, quiero recordaros que sois –a la sombra de la cruz de Cristo- protagonistas de una doble esperanza por vuestra juventud, esperanza de la Iglesia, y por ser de Latinoamérica, continente de la esperanza. Y todo ello os confiere una particular responsabilidad, ante la iglesia y ante toda la humanidad. ¡Espero mucho de vosotros!
ESQUIÚ: -¿Cuál es el problema de la humanidad que más le preocupa?
Juan Pablo II: -Me habéis preguntado cuál es el problema de la humanidad que más me preocupa. Precisamente este: pensar en los hombres que aún no conocen a Cristo, que no han descubierto la gran verdad del amor de Dios. Ver una humanidad que se aleja del Señor, que quiere crecer al margen de Dios o incluso negando su existencia. Una humanidad sin Padre y por consiguiente, sin amor, huérfana y desorientada, capaz de seguir matando a los hombres, que ya no considera como hermanos, y así preparar su propia autodestrucción y aniquilamiento. Por eso, mis queridos jóvenes, quiero de nuevo comprometeros hoy a ser apóstoles de una nueva evangelización para construir la civilización del amor
ESQUIÚ: -¿Cuál es su mensaje al mundo argentino de la cultura?
Juan Pablo II: -Vuestro país se precia justamente de un rico patrimonio cultural, que puede enorgullecerse de tener tras de si una amplia y variada tradición en las artes figurativas, en la música, en la literatura y una no menor pujanza en las investigaciones científicas. Me complace recordar además algo que es bien conocido por vosotros. La cultura ostenta en América latina, desde sus orígenes, una honda raigambre cristiana, que aquí, en Argentina, ha asumido una peculiar polivalencia, propiciada por el encuentro de razas y pueblos, especialmente europeos. Y a todo esto se unen el empuje y el vigor propios de una Nación joven y creadora.
Sembrad, con la cultura, gérmenes de humanidad, gérmenes que crezcan, se desarrollen y hagan robustecer a las nuevas generaciones. Trabajad con un sentido de trascendencia, porque Dios es la Suma Verdad, la Suma Belleza, el Sumo Bien y con la labor científica y artística, se puede dar gloria al creador y preparar así el encuentro con Dios Salvador.
(*)Aclaración al lector
La idea de este reportaje nació en el vuelo de regreso. Habíamos acompañado como periodistas cada una de las instancias de la misión apostólica que, durante catorce extenuantes días, realizó el Santo Padre por Uruguay, Chile y la Argentina. Pensaba esto cuando faltaban apenas dos horas para aterrizar en el aeropuerto de Roma, el director de Prensa de la Santa Sede –Joaquín Navarro Vals- nos convocó a una improvisada conferencia de prensa con el Papa. Por especial deferencia a los periodistas de los países visitados, tendríamos prioridad para formular preguntas.
Lo estrecho del lugar –la nariz del jumbo de Aerolíneas donde estaban, entre otros miembros del séquito papal, el cardenal Casaroli, monseñor Jorge Mejía y Leonardo Sandri- no facilitó la misión periodística. Entre forcejeos de los camarógrafos de TV y los flashes de reporteros gráficos, solo unas pocas preguntas tuvieron el privilegio de la respuesta del Pontífice.
¿Por qué circunscribir la temática del reportaje a las inquietudes que el Santo Padre pudiera respondernos en ese momento?
Yo había sido, como periodista, un privilegiado testigo de la fecunda siembra realizada por el Santo Padre a través de cincuenta y cuatro mensajes de inapreciable contenido. Con las notas y apuntes tomados en cada oportunidad, me he permitido ofrecer, en forma de entrevista, el riquísimo contenido doctrinal que nos ofreciera en la Argentina. Las preguntas, formuladas para adecuar la presentación del trabajo al estilo más ágil del reportaje, son de mi responsabilidad, así como la necesaria selección de las reflexiones que reproducen, eso si, con exactitud al pensamiento expuesto por el Vicario de Cristo.
Luis Eduardo Luchía-Puig
(Durante el vuelo papal de regreso a Roma. Abril 1987)
(Durante el vuelo papal de regreso a Roma. Abril 1987)
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